Las Marzas

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Las Marzas 

El día 1 de marzo, y desde tiempos inmemorables, se celebran las Marzas, fiesta de niños y jóvenes. Ese día se acostumbra, desde la mañana, a salir en cuadrillas, de seis a diez niños, con las vestimentas del quehacer cotidiano. Uno de ellos lleva un ramo de acebo o carrasco adornado con rosetas y tiras de papel en colores de seda, y de cuatro a ocho cencerros atados con cuerdas a la cintura. Antaño, difería su vestimenta de la del resto de la cuadrilla por llevar colocadas, tanto en su parte trasera como delantera, pieles de oveja. Por lo general, éstas eran las melenas que se les colocaba a las yuntas. 

Los marceros, sobrenombre con el que se conoce a todos los componentes de la cuadrilla, recorren las principales casas de Lanestosa, cantando varios estrofas de carácter netamente petitorio. Es costumbre colocarse, en círculo, frente a la vivienda, iniciando la tonada de solicitud del canto de Las Marzas, con el pertinente permiso de los caseros, de la siguiente manera: 

Marzo florido

seas bienvenido

florecido marzo

seas bien llegado

 

A esta casa honrada

señores llegamos

si nos dan licencia

las marzas cantamos

 

Si las cantaremos

o las rezaremos

más con su licencia

cantarlas tenemos

 

Dado el siguiente permiso por los dueños de la casa, salvedad hecha en aquellas viviendas que se guardaba luto por la muerte de algún familiar, se continuaba cantando:

 

Baje Ud. señora

lo que es de costumbre

chorizos o huevos

o para una azumbre

 

baje Ud. señora

lo que es de confianza

con el rostro alegre

y la mano franca

 

vamos muy contentos

porque nos han dado

muy buena propina

vivan muchos años

y nosotros los que las cantamos

 

muchos años viva

la ama de esta casa

que para dar limosna

nunca ha sido escasa

 

muchos años viva

y el amo también

todo el mundo dice

que es hombre de bien 

Antiguamente, finalizado el canto, uno de los marceros gritaba: 

¿Nos dan de marzo?

Contestando los de la casa, y a modo de broma: 

Todo te lo mando

desde la Peña Lobera

hasta la Peña de Pando 

En lo mayoría de las casas se les obsequiaba con viandas (chorizos, morcillas, tocino, huevos, pan, etc...), encargándose de recogerlo uno de los marceros que, paro ello, llevaba un cuévano. Este, utensilio de origen pasiego, era un cesto hecho de varas de avellano, más ancho en la boca que en fondo, con dos abrazaderas, igualmente de varas. Tenían estos la particularidad de esta unidas a la pate superior del cuévano pro­piamente dicho por media de tira de cuero o cuerda de aproximadamente 20 centímetros. 

Con todas las viandas recogida, la cuadrilla de marceros, al domingo siguiente, organizaban una suculenta merienda o comida. Por lo general esta merienda se hacia en casa de uno de los marceros. 

También recibían dinero, con el que generalmente se pagaban los gastos ocasionadas con la merienda. Es precisamente el dinero el obsequio habitual que en estas últimos años reciben las cuadrillas de marceros. 

En las cosas donde no recibían obsequio alguno, y según se iban marchando, exteriorizaban su descontento cantando la siguiente coplilla: 

Estas puertas son de pino

y los clavos son de alambre

vámonos de aquí señores

que ahí se ha metido el hambre 

Al atardecer, también solían a cantar las Marzas cuadrillas de jóvenes, por lo general solteros, cantando en las principales casas de la Villa. 

Además de las de Lanestosa, también cantaban las Marzas en la Villa, cuadrillas de los vecinos valles de Carranza y Soba, costumbre que éstos últimos siguen manteniendo en nuestras días.