Las
Pascuas
Aunque
no tan antigua como Las Marzas, otra costumbre de arraigo tradicional en
Lanestosa son Las Pascuas.
Antaño,
salían a postular por la Villa y pueblos del vecino valle de Carranza (Sangrices,
Presa y Treto), el Domingo de Pascua, pequeños grupos de chicas, en similar número
al de las cuadrillas de Las Marzas, cantando una serie de versos.
Con
vestimenta blanca todas ellas, pasacintas y lazos de colores en la saya, eran
acompañadas por un chico que portaba un ramo de laurel, engalanado con tiras y
rosetas de papel seda en colores. Uno de las chicas llevaba una cesta, pues al
igual que en Las Marzas, en Las Pascuas también se les obsequiaba a los jóvenes
o niñas con alimentos y dinero.
Con
el transcurso de los años, la vestimenta fue perdiendo su uniformidad, para
salir con las ropas de estreno de Pascua, predominando el calor blanco. En la
actualidad se emplea la ropa de calle.
Igualmente,
la costumbre de ser un chico el portador del ramo, con el paso de los años
desapareció, para llevarla una de las chicas de la cuadrilla.
La
canción que se canta, un tanto deformada, dice así:
Oh!
qué Sábado de Pascua
Oh!
qué Domingo de flores (bis)
Oh!
qué Sábado de Pascua
amanecido
señores (bis)
Cuánto
hace que no se ha vista
a Jesucristo con su madre (bis)
Cuánto hace que no se ha visto
desde el Jueves a la tarde (bis)
Quítate el mantón de luto
y ponte el de la alegría (bis)
Porque el luto es muy pesado
para la Virgen María (bis)
Este ramo que traemos
de escalinas y escalones (bis)
lo han hecho siete doncella
hijas de unos labradores (bis)
El
mismo día que salían las chicas a cantar Las Pascuas, por la noche los hombres
casados, en cuadrilla, pedían por las casas de la Villa. Sólo podían salir
aquellos que pertenecían a la asociación, tradicional grupo constituido por
los hombres casados. Se adquiría el derecho de pertenencia a la misma con el
pago de una cuartilla de vino.
Iban
por las puertas pidiendo:
—Somos
los pascueros!
Recibían
dinero que luego gastaban en una juerga.