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Lanestosa,
un municipio aislado. No sólo por su situación en el extremo occidental de
Vizcaya, sino también por su emplazamiento en el fondo de un valle encajado,
Lanestosa adolece de problemas de comunicación con el resto de Vizcaya. Su
vinculación natural se establece a través de Carranza para, atravesando
Ramales, penetrar en el valle del Calera y acceder al municipio. Otra vía, más
corta ciertamente aunque más penosa, se establece a través de diversos barrios
carranzanos accediendo desde el de Concha al de Treto para atravesar la
divisoria de la Sierra de Ubal y descender, por Sangrices y llegar a Lanestosa
por el este. Una tercera vía, más larga que las anteriores pero similar a la
primera en el parámetro distancia/tiempo, consiste en recorrer el Valle de
Mena desde Valmaseda hasta llegar a Bercedo y, por el Puerto de Los Tornos,
penetrar en la cabecera del Calera que nos llevará hasta Lanestosa. La ausencia de ferrocarril acentúa su aislamiento: la línea
Bilbao-Santander, tras recorrer Las Encartaciones penetra en Cantabria por
Gibaja, estación más próxima a Lanestosa, distante 5 kms. de la misma. Sin embargo, la situación geoestratégica de la villa, a
pie de puerto, a una jornada de la costa (Santoña, Laredo) y en línea recta
desde el mar al nordeste del territorio burgalés parece haber sido comprendida
desde antiguo, si bien la propia estructura del poblamiento, los intereses de
otras villas, y un mayor espacio dominado con trazados alternativos terminaron
por evitar la consolidación del camino natural del nordeste de Burgos al
litoral oriental cántabro. Por más que el análisis de las vías romanas en Vizcaya deja de momento a
un lado un conocimiento más preciso de la cuestión en buena parte de las
Encartaciones, diversos indicios como el puente de La Calera abren una
interrogante sobre la posibilidad de una vía que recorriera el valle del Calera
procedente de Los Tornos. Por otro lado, las bases del puente de dos arcos sobre
el río Cerneja, aguas arriba de Agúera, parecen ser también de época muy
anterior al resto del puente, reedificado posiblemente en el siglo XVI. Incluso
es posible apreciar en algunos desmontes inmediatos a la carretera actual de
Bercedo a Los Tornos ciertos restos del camino empedrado; e incluso junto al
mirador existente en lo alto del propio puerto existe un fragmento de un
centenar de metros de longitud que continuaría en Mogosa, en donde los restos
de empedrado son notablemente más largos que los anteriores. De corresponder tales restos a algún sistema viario de carácter romano, el
mismo debió tener un carácter secundario respecto al eje viario que desde
Flaviobriga (¿Castro Urdiales?, ¿Bilbao?, ¿Portugalete?) se dirigiera hacia
luliobriga (en las proximidades de Reinosa) o Pisorica (Herrera de Pisuerga) a
través de Sopuerta, Valmaseda, Valle de Mena, Alto del Cabrio y cercanías de
Vi llarcayo. Desde este punto, posiblemente emplazamiento de Segontia Paramica
se desgajaría un ramal hacia el norte que, discurriendo por la izquierda del río
Cerneja terminaría por confundir su trazado con el de la carretera actual de
Los Tornos. Desde el puerto, descendería al Prado y La Calera para seguirel río
hasta Valnera. A partir de este punto, las hipótesis se duplican: o bien
continuaba paralelo al río, por la orilla derecha o remontaba la Sierra de
Ubal para llegar a Presa, Sancides, San Esteban, Concha y Ambasaguas
(Carranza), desde donde, por Mal ina y Venta La Perra seguiría hacia Riancho y
Gibaja, en territorio cántabro, para continuar por el valle del Asón. Sin embargo, con la creación de la villa de Lanestosa, avanzadilla
geoestratégica de Vizcaya, el camino Laredo- Bercedo iría ganando importancia.
A fines del siglo XV, la “Universidad de Mulateros, viandantes y recueros”
de las Merindades de Castilla la Vieja solicita de los Reyes Católicos una
“información” de los caminos malos, puentes y calzadas derrumbadas con la
intención de proceder a su recomposición. El proyecto preveía la aportación
de 20.000 maravedís por parte de 50 vecinos de Lanestosa y aunque no llegaran
a buen término los propósitos de restauración, el informe en cuestión nos
permite reconstruir con bastante precisión su trazado. Así, desde Villasante
(Burgos), el camino alcanzaba Agúera y se dirigía al Ventorrillo para
ascender suavemente a Los Tornos. Desde el puerto salvaba el desnivel hasta La
Calera a través de un camino zigzagueante cuya denominación en el proyecto —
“cendero enhiesto” — no dejo lugar a dudas sobre lo dificultoso del tramo
Los Tornos-Prado. Continuaría luego por la orilla izquierda del Calera hasta
las proximidades de La Ventilla para pasar a lo margen derecha y dirigirse a
La Pared y a Elaza por donde discurriría pegado al abrupto de la Sierra de
Pando en suave desnivel hasta las proximidades de Ramales. Su recorrido actual
en este último tramo es perfectamente identificable y practicable hoy día,
apreciándose las labores de asentamiento de la calzada. Las reformas propuestas en el “informe” contemplaban evitar el cruce del
río aguas abajo de Valnera y de la Ventilla, discurriendo en paralela del mismo
por la margen derecha desde La Calera hasta La Pared. Por otra parte se preveía
lo exención de todo tipo de peajes, pontajes y cualquier otra imposición,
responsabilizando a los concejos del mantenimiento de las obras en sus términos,
la cesión de ejidos concejiles para su trazado y el respeto a la propiedad
privada de las tierras de labor, prados y pastos. En cambio, la leña
necesaria para la elaboración de cal con la que construir muros y puentes y de
la madera necesaria para las barandas de protección en lugares de peligro podría
tomarse gratuitamente de los montes próximos. En 1546, el camino en cuestión debía seguir utilizándose a juzgar por
testimonios de itinerarios de la época. En efecto, el camino de Santa María
del Paular a Laredo, por Burgos, penetra por el Ventorillo, sube a Los Tornos,
desciende al Prado y, por Lanestosa, se dirige a Ramales. Tal camino resultaba
ventajoso para la conducción de la lana burgalesa al puerto de Laredo donde se
embarcaba con destino a los puertos del norte de Europa hasta bien entrado el último
cuarto del sigla XVI, a pesar de la competencia de Bilbao. Sólo en el período
1558-1560, la exportación conjunta de lana de los puertos de Santander y Laredo
alcanzaba las 19.528 sacas, mientras sólo Laredo exportaría otras 3.582 de
1569 a 1577. Mientras tanto, a comienzos de octubre de 1 556, el emperador
Carlos I, camino de Yuste, lo utilizaría a pesar de su mal estado, empeorado
parlas lluvias que debieron acompañarle durante la travesía. A la misma
corresponde el recuerdo popular que asocia la noche pasada por el emperador en
Lanestosa. Todavía a mediados del siglo XVIII un proyecto presentado al Marqués de la
Ensenada pretende convertir el camino en “camino carreteril”; los cálculos
señalan en 26 horas la duración del viaje de Laredo a Burgos y el
adecentamiento de las 4,5 leguas desde Agüera a Ramales con un coste de 369.000
reales, sin contar el trazado más costoso, esto es, el del tramo Los Tornos-La
Calera. Pero se impusieron los intereses y razones de Santander sobre los de
Laredo, consiguiendo el primero su empalme directo con la capital castellana y
relegando el camino Burgos-Laredo al olvido por segunda vez en algo más de 200
años. En 1 758 Lanestosa se alarmó sobremanera ante la posibilidad de desviar el
tráfico de Los Tornos por un nuevo camino que discurriría por el Valle de
Soba. El aislamiento que tal apertura supondría movilizaría a los nestosanos
residentes en la Corte a infor-mar favorablemente, quizá en demasía
perfectamente comprensible, sobre las ventajas del viejo camino: “abrigado de
vientos”, “soleado”, “buen firme”, auxilios a los viandantes
accidentados o sorprendidos por la nieve, ausencia de puentes y vados desde Los
Tornos a Ramales, etc., son los argumentos utilizados por quienes veían
peligrar el paso que, por Lanestosa y durante centurias, comunicaba Laredo con
la meseta septentrional. Afortunadamente, el proyecto de camino por Soba debió ser abandonado aunque
tuvo, al menos, cierta incidencia en el desarrollo urbana de Lanestosa desde el
punto de vista de las comunicaciones. En efecto, poco después se decide la
construcción de un puente que, a la entrada del casco urbano, comunique ambas márgenes
del Calera. Posiblemente, la construcción del “puente viejo” supone el
replanteamiento de los comunicaciones, que en lugar de continuar evitando el
paso por el casco urbano se introduce de lleno en él: yen busca de una salida
hacia los Tornos, la calle Real se convertiría posiblemente en trayecto
urbano del camino Burgos-Laredo, continuando hacia La Ventilla. De todos modos,
la construcción del puente, nuevo enlace de la villa con el camino, supondría
una mejora considerable sobre el vado que, presumiblemente, existiría en lo
que luego y hasta hoy se denominaría puente de “Los Atrancos”. Ya en el último decenio del siglo XVIII Lanestosa vuelve a preocuparse por
la mejora de los empalmes del casco urbano con la carretera a Laredo y el camino
a Sangrices. Fruto de lo voluntad del municipio por facilitar el acceso al camino real a
los vecinos del sector septentrional de la villa es la mejora del Puente de los
Atrancos, que se localizaría al final de la calle Ribera y que debió
reservarse exclusivamente al paso de personas y ganado, sin que su amplitud
permitiera hacerlo a los carros y carruajes. Y para los vecinos del sector
meridional se haría lo propio con el de “El Hundidero”, empalmando la parte
trasera de las últimas casas de la calle Real con la cuesta de Sangrices. Hasta
comienzos del Siglo XX, el puente de “El Hundidero” constituía la salida de
Lanestosa hacia Carranza. La toponimia local ha permitido contrastar la
existencia del citado puente en este paraje conocido como “El Pontón”. Todavía en 1 797 Laredo determina las contribuciones para la nueva
carretera de Los Tornos, sobre el camino viejo, pero aunque las mejoras del
camino parecen sólo plasmarse, al menos para Lanestosa, en la erección del
“Puente Nuevo”, habrá que esperar al siglo XIX para eliminar los durísimos
repechos de la cuesta de El Prado y trazar la actual carretera a los Tornos por
la margen izquierda del río, por Mogosa. En la primavera de 1 834 comienza la rectificación del camino y el trazado
de la actual carretera a Laredo en el trama comprendido entre Copeñil y el
Puente Nuevo. Un año después, los campos inmediatos al mismo son vueltos a
cerrar, parlo que se pueden dar por concluidas las obras que, salvo
modificaciones puntuales, han servido de eje director del trazado actual. Pero aún así, el acceso a Lanestosa desde Vizcaya y por carretera seguía siendo indirecto, siempre a través de Cantabria o Burgos: habrá que esperar a 1907 para la inauguración de la carretera directa de Carranza a Lanestosa por Soscano. Otides, Treto y Sángrices, construida a expensas de la Diputación de Vizcaya. |