La
génesis de la topografía actual.
Todo
el sur de Ramales se encuentra dominado por una imponente barrera de calizas
que, a lo largo de quince kilómetros, se extiende desde la Peña del Moro hasta
la Sierra de Hornijo a través de Sierra Lobera y San Vicente. Más que de una
sucesión de picos se tiene la impresión de una cresta continua tajada por los
valles del Calera y del Gándara y por la Ventana, que se emplazan a 220, 120
y 700 metros de altitud respectivamente.
Si de lejos da la sensación de masa compacto, de cerca aparecen pitones,
alineados a veces y separados por chimeneas. Parece lógico pensar que se trata
de formas residuales, propias del proceso de disolución de las calizas por el
agua; pero la presencia de derrubios al pie de las laderas nos lleva a
reflexionar en la existencia de un doble fenómeno de erosión, de forma que al
proceso de disolución se añadiría el de gelifracción. El fenómeno es
destacable en Sierra Lobera, que si de lejos parece una mole maciza, de cerca
muestra las consecuencias ruiniformes de ambos procesos de desmoronamiento.
Erosión diferencial en las margas y disolución y gelifracción, agua e hielo
en definitivo, sobre las calizas parecen ser los agentes moldeadores que,
actuando sobre sedimentos marinos ‑ detríticos‑ y terrígenos, de
origen continental, han generado la topografía actual.
Lo
que hoy constituye el área media de los valles de Soba y Lanestosa debió
corresponder a una cuenca semicerrada, de escasa profundidad y gran subsidencio,
con un régimen de sedimentación de carácter lagunar ("logoon"). El
cierre septentrional nal lo formarían las barreras de arrecifes que hoy
conforman las moles de Pico del Moro, Sierra Lobera y San Vicente, y contra los
que debieron quedar represados los aportes terrígenos procedentes del umbral
meridional. La subsidencia debió ser muy importante, depositándose en el área
series potentes de margas y arcillas con un espesor del orden de los 2.000
metros, durante el Aptiense y Albiense (Cretácico Inferior).
Así
pueden tal vez explicarse las diferencias de facies que se observan en el área
que estudiamos: las calizas macizas que constituyen las crestas, van siendo cada
vez más estratificadas a medida que remontamos los valles hacia el sur, pues
son casi exclusivamente de origen detrítico; a la vez, van perdiendo
gradualmente pureza en función del aporte terrígena procedente de los montes
que delimitan la cabecera del Calera. Esta pérdida de calidad las convierte en
más o menos margosas, más o menos arenosas, más o menos obscuras.
La
evolución del área meridional de la barrera caliza de Ramales ha debido de ser
lenta porcuanto los materiales depositados no parecen haber sido objeto de
movimientos tectónicos de importancia y su proceso de desmantelamiento quedaba
en parte condicionado a la dificultad de su evacuación por las estrechas
gargantas abiertas en la barrera caliza. La destrucción del relieve inicial
parece haber sido reposada y su evacuación tendría lugar por los surcos de
la Ventana y las embocaduras de los ríos Gándara y Calera, si bien situados
por encima de su nivel actual. Sobre estos niveles incidiría la erosión lineal
de los ríos Gándara y Calera, más acusada en el primero que en el segundo.
Como
consecuencia, parecen haberse producido dos sistemas de erosión sucesivos: el
primero de ellos, de carácter areolar, seria el responsable del diseño de las
cubetas de Soba y Carranza sobre un roquedo débil y escasamente resistente. Y
sobre estas cubetas, un segundo proceso erosivo, fluvial, lineal, correspondería
al encajonamiento de los ríos principales.
Sin
embargo, en el caso de Lanestosa, el comportamiento parece haber sido ligeramente
diferente. La menor extensión de las calizas arcillosas, el escaso desarrollo
lineal del río, la simplicidad de la red fluvial reducida — en la práctica—
a un solo colector en contraste con la jerarquización del Gándara y Carranza
y la intercalación de las bandas duras de calizas que el río debía superar,
motivaría la menor capacidad erosiva del Calera. Por otra parte, la falla de La
Pared no supone obstáculo suficiente para el discurrir de las aguas si bien
dificultaría la evacuación de los materiales erosionados aguas arriba. De esta
manera, ante la barrera caliza que cerraba la evacuación de los materiales a la
altura de Sierra Lobera-Pico del Moro, el río procedería a depositar sus
aluviones en el fondo del valle, rellenándolo y originando la llanura aluvial
que le caracteriza.