Bolos
La
práctica de este juego deporte ha sido habitual en los habitantes de la Villa,
lo que le ha convertido en el deporte más típico y extendido hasta nuestras días.
Actualmente
ya no existe ningún “carrejo”, nombre con el que se denomina el campo de
juego paro la práctico del deporte de los bolos, desaparecido el de la Taberna,
propiedad de Andrés Edesa, apenas hace un año. Con anterioridad, a lo largo de
los años, existieron “carrejos” en La Ventilla, junta al molino, y dos
municipales en el nucleo de la Villa. Uno cubierto y el otro al aire libre.
Ha
sido la modalidad de pasabolo, de la que se dice ser originario de Lanestosa, la
practicada por los nestosonas, con las variantes denominadas por éstos de
“pulso” y “arrastre”.
Desaparecida
hace bastantes años, ha sido la primera variante la más antigua conocida. Se
jugaba en las boleras de La Ventilla y en la cubierta. Esta última convertida
en cine a partir del año 1940 (en la actualidad ocupado el edificio por
talleres Guerra) tenía en una de sus entradas una placa con el año 1725 coma
fecha de su construcción.
El
campo de juego ocupaba toda la superficie interior del edificio y era un rectángulo
de 28 metros de larga y 7 metros de ancho. Tenía situado en un extremo el “cas”,
desde donde los jugadores lanzaban la bola. Esta tenía que caer sobre una tabla
(a 6 metros del “cas”) de 3,50 metros de longitud y una anchura de 0,25
metros, fijo y enterrada en el suelo. En ella había tres “chapas” de
hierro, equidistantes a 50 centímetros, y en las que se colocaban verticalmente
tres bolos de madera.
Se
jugaba con una bola de modera que pesaba aproximadamente 7 kilos. Disponía de
una agarradera, consistente en un pequeño agujero circular y otro bastante más
grande, ovalado, tallados ambos en la madera y dispuestos de tal modo que
pudieran meterse fácilmente, el dedo pulgar y el resto de los dedos de la mano
respectivamente.
El
juego consistía en lanzar la bola a pulso y arrastrar los bolos contra las
estacas del fondo del “carrejo”. Al no ser necesaria demasiada fuerza era el
juego predominante de la gente mayor, conociéndosele como el “juego de
viejos”.
La
puntuación de cada bola era: 10 puntos para los que llegaban a la madera; 20
puntos aquellos que la superaban; 25 puntos los que tacaban las estacas y 50
cuando llegaban a la parte más alta de éstos.
Para
parar la bola, que después de golpear los bolos seguía rodando unos 15 metros,
existía la madera, tres o cuatro tablas colocadas horizontalmente, delante de las estacas del
fondo.
La
variante de “arrastre”, denominación esta por la que en Lanestosa se ha
conocido
el actual pasabolo, ha sido la más practicada.
Muy
similar a la de “pulso” en su juego, con algunas pequeñas diferencias.
Campo de juego rectangular pero situado siempre al aire libre. La tabla, más
larga (próxima a los 7 metros) pero de idéntica anchura que en la de
“pulso”, estaba situada a 1,50 metros del “cas”. A 2 metros de ésta se
encontraba la antiguamente llamada “madera” que consistía en unas tablas
con varios neumáticos de goma para amortiguar el choque de la bola.
Para
la puntuación de los bolos, el campo de juego estaba dividido en 7 rayas,
equidistantes
a 5 metros, contando de diez en diez puntos cada bola que sobrepasaba la
correspondiente raya.