Cementerio
Desde
mediados del siglo XIX el cementerio de Lanestosa estaba ubicado a Poniente,
relativamente próximo a la población, pero al borde mismo de su jurisdicción,
en el arranque de las cuestas que limitan con territorio montañés.
Algunas
personas ilustradas, esgrimiendo argumentos como los de lo escaso capacidad de
aquel recinto y lo desfavorable ubicación a efectos higiénicos, promovieron
lo idea de trasladarlo a otro lugar más alejado de la población. El lugar
elegido fue el más remoto precisamente, el limite Norte del municipio, en lo
vertiente opuesta del cantil en lo trinchera que allí abre el río Calera.
Se
encargó del proyecto el arquitecto Eloy Martínez del Valle (1906) siendo
aprobado
el mismo año por el arquitecto provincial Mario Camiña. El presupuesto alcanzó
7.953 ptas. Era alcalde José Ramón Ortiz.
El
proyecto de Martínez del Valle no se debió cumplir más que en parte, o bien
ha sufrido reformas posteriores, pero de cualquier manera, el edificio actual
responde en lo esencial al diseño original. En éste se preveían seis áreas
separadas por paseos para sepulturas de pago y gratuitas, además de pequeños
recintos para niños sin bautizar y paro disidentes, depósito de cadáveres,
sala de autopsias y dos galerías.
Hoy
no existen apenas alineaciones, ni hay galerías; lo mayor parte del espacio lo
ocupan panteones, algunos de ellos de subida importancia; donde se preveían
sepulturas gratuitos se han construido recientemente nichos, y el área
techada está abandonada.
El
acceso reflejo ecos neoclásicos; es en arco deprimido coronado por frontón
redondo. Ha resultado obsoleto para los modernos sistemas de traslado de cadáveres,
y se ha precisado de un nuevo ingreso.
De
los panteones arriba citados habría que señalar el de Galo Sáinz con una
bellísima
figura de ángel en mármol blanco.
El
de Martínez Fernández es enorme (24 nichos) y el de Martínez Zalacain recoge
los formas de capilla ecléctica. En ambos intervino como labrante el maestro
San Emeterio.
Por
otra parte, la maleza no permite reconstruir el circuito del cementerio viejo,
del que se adivina lo porte bojo de su ingreso.