El
Eneolítico y Bronce
En
estos momentos, hacia el año 2.000 a.C., el área de Lanestosa, al igual que
ocurre en el resto de Bizkaia, se inscribe dentro de una de las dos grandes
regiones geográfico-culturales establecidas para el País Vasco (Apellániz, 1
975a) y que toman su nombre de dos yacimientos en cueva situados a uno y otro
lado de la divisoria de aguas atlántico-mediterránea: Santimamiñe (Grupo del
Norte) y Los Husos (Grupo del Sur).
Ambos
son fundamentalmente ganaderos y pastoriles. Lo que les separa es que el de Los
Husos acepta desde más temprano una agricultura menuda que llega al Norte en
una etapa tardía, tal vez en el Bronce Medio, y se practica de forma esporádica
y restringida. En cuanto a su cultura material, los instrumentos en silex siguen
siendo muy utilizados por el Grupo de Santimamiñe que continúa apegado a
formas devida de tradición paleolítica y se muestra, en general, menos
sensible al cambio que el Grupo del Sur. La cerámica suele estar decorada con
motivos muy sencillos y se reducen, en el caso de las cuevas sepulcrales próximas
a Lanestosa, a surcos o acanaladuras poco profundas, barro plástico, verdugones
realzados que llevan impresiones de uñas o dedos y pitones (Foto nº 5).
Como
hemos señalado anteriormente la población, que hasta entonces habita
preferentemente en cavidades rocosas, empieza a salir fuera.
Probablemente
algunos grupos se instalan definitivamente en el exterior, en campamentos de
cierta importancia, como el conocido yacimiento de la Renke (Alava), actualmente
en proceso de excavación y que ha proporcionado evidencias de al menos dos
etapas de ocupación: una en torno al Neolítico final o Eneolítico y otra
entre el final del Eneolítico e inicios de la Edad del Bronce (Ortiz, 1984).
Otros
grupos quizá ocupan alternativamente poblados al aire libre y cuevas; situación
que explicaría la débil potencia que presentan algunos niveles de las fases
con cerámica.
En
este sentido, en Bizkaia, se han localizado algunos indicios que permiten
suponer la existencia, en contextos arqueológicos determinados, de pequeños
asentamientos temporales y de escasa entidad, relacionados con el pastoreo y la
transhumancia, y para cuya construcción se habrían empleado materiales que no
han resistido el paso del tiempo.
Así,
en las Encartaciones se ha iniciado en el año 1 980 lo excavación de liso
Betaio que, según los avances publicados sobre los resultados de las
correspondientes campañas, parece tratarse de un poblado utilizado durante un
periodo de tiempo relativamente corto y relacionado con lo Edad del Bronce. De
momento se han puesto al descubierto dos fondos de cabaña, con presencia en
ambos de hogares, y se ha recuperado una industria en silex que se compone
preferentemente de raspadores, dorsos, puntas de flecha foliáceas y de pedúnculo
central y aletas (Yarritu, Gorrochategui, 1983).
En
el territorio de Lanestosa, a la vista de los datos que hoy podemos manejar, nos
encontramos en lo zona montañosa que separa el valle de Carranza y la cuenca
del río Calera, junto al campo dolménico de la Cabaña y al llano de
Cotobasero, una serie de materiales de silex, hallados superficialmente, que
pueden ser testimonio de la ocupación del espacio por parte de una población
cuya filiación cultural se viene asociando con los monumentos megalíticos y
las nuevas formas devida que se desarrollan entre el Eneolitico y el Bronce y
que perviven hasta los primeros siglos de nuestra Era.