El territorio

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El territorio prehistórico de Lanestosa 

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El Paleolítico Superior Inicial 

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El Paleolítico Superior Medio 

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El Paleolítico Superior Final  

El territorio prehistórico y el histórico de Lanestosa pueden coincidir en parte, pero probablemente el prehistórico fue más amplio que el estrecho hito que ocupa en la actualidad. El territorio prehistórico está más sujeto a las actividades de caza, que una población poco numerosa puede realizar a su antojo, que el histórico, sujeto siempre a guerras y tratados.

La función que en la ocupación del territorio han ejercido los accidentes naturales (rías y cadenas montañosas sobre todo) parece haber sido distinta en la Prehistoria y en la Historia. El Pueblo Vasco es un ejemplo de cómo una cadena montañosa del porte de la pirenaica puede servir de aglutinante más que de distanciador.

La forma principal de subsistencia es también un básico ingrediente de la ocupación. La caza necesita mayor espacio que la agricultura y ésta mayor que la metalurgia.

La delimitación del territorio prehistórico de Lanestosa presenta buenos apoyos ya que una buena serie de yacimientos de diverso género (habitación, culto y enterra­miento) y época (Paleolítico Superior hasta la Edad de los Metales) se sitúan a pocos minutos de su casco urbano (Fig. 1, pág. 126).

Comenzaremos nuestra reconstrucción por a época de los grandes cazadores. 

El Paleolítico Superior Inicial 

Prácticamente en el casco urbano de Lanestosa se encuentra la cueva de Las Pajucas (Fig. 1, nº 22). En su nivel inferior se encontraron láminas leptolíticas y huesos de felinos (pantera), animales que se extinguieron en esta zona al concluir el Paleolítico Superior. En términos absolutos pueden fecharse hacia el 35.000 a.C. La fecha primera está además arropada por la ocupación de las cuevas próximas, aunque no tanto como Las Pajucas, llamadas Venta de Laperra (Carranza), en cuyo nivel inferior se encontraron instrumentales de la transición entre el Musteriense y el Auriñaciense, hacia el 32.000 a.C. (Fig. 1, nº 36) y Abrigo Rojo con indicios Musterienses (Fig. 1, nº 26).

 

Los materiales de Las Pajucas muestran una forma de ocupación esporádica, quizá en los momentos en que los felinos la abandonaban. La ocupación de Venta de Laperra es más estable. Las Pajucas tiene la forma de un corredor estrecho y largo en cuyo fondo se abre una pequeña saleta. No es cómoda de habitar, aunque tampoco lo fuera Venta de Laperra. Ambas fueron abandonadas hasta el Eneolítico en que se les convirtió en necrópolis.

Su posición a media ladera de las paredes de valles estrechos por cuyo fondo discurren el Calera y el Carranza y al pie de macizos calcáreos desnudos donde la cabra salvaje tiene su hábitat preferido, permiten suponer que sirvieron para operaciones de ojeo y caza en general.

Desde esta época se advierten las primeras manifestaciones simbólicas. En Venta de Laperra, en la zona que ilumina el sol se hicieron grabados en que bisontes afrontados comparten el espacio con osos y signos (santuario exterior).

El Paleolítico Superior Medio   

A media hora a pie partiendo del casco urbano de Lanestosa bajando hacia la confluencia del Calera y del Asón y abiertas en la imponente pared de la peña Pando se encuentran las cuevas de La Haza, Covalanas y Cullalvera (Fig. 1, nº 30,29 y 32), en el término municipal de Ramales de la Victoria (Cantabria), que creemos poder incluir razonablemente en el territorio de un grupo de cazadores y pescadores muy próximos al que eventualmente ocupó Las Pajucas.

 

En lo profundo de estas cuevas se han pintado figuras de ciervas, bóvidos y cabo-líos con determinadas características que los emparentan con otras cuevas que por el E. comienzan en Riba de Deva (Asturias) y por el W. terminan en San Pedro de Galdames (Vizcaya). Estas pinturas fueron realizadas entre el 18.000 y 1 4.000 a.C. Covalanas fue utilizada como lugar de habitación contemporáneamente a la conversión en necrópolis de Las Pajucas y Venta de Laperra.

 

Este grupo de cuevas (santuarios profundos a cuyas figuras no alcanza la luz solar) representa una continuidad del santuario exterior de Venta de Laperra, con una fórmula diferente de asociación de animales. A la dualidad de oso y bisonte sucede una dualidad cierva y caballo preferentemente.

 

El territorio del que forman parte Covalanas, La Haza y Cullalvera lo definimos y delimitamos en razón de que los santuarios ostentan los mismas asociaciones de animales, las mismas técnicas pictóricas y dibujísticas.

 

En todos ellos la cierva es un animal dominante, que incluso puede aparecer sin acompañamiento alguno (Arenaza I), o asociadas a caballos y bóvidos/cérvidos (Covalanas). Los caballos que acompañan eventualmente a las ciervas pueden a su vez acompañar a figuras de difícil clasificación (La Haza). Las ciervas pueden también aparecen en proximidad, no en asociación, sólo de uros (Arenaza I).

 

La técnica utilizada para estas figuraciones es común. El color rojo puede decirse exclusivo, con frecuencia se aplica mediante tamponados separados o próximos, lo que produce líneas irregulares (Arenaza I) o en líneas babosas (Pindal), a veces mezclando tampones aislados y próximos (Covalanas).

 

Figuras parecidas a éstas aparecen en los niveles Solutrenses y Magdalenienses antiguos de Castillo y Altamira en omoplatos grabados, cuyo correlato rupestre estricta­mente considerado puede verse en Castillo sobre todo. En el grabado parece haberse sustituido la tinta plana de las figuras rupestres por sombreados rayados. Estas afinida­des permitirían incorporar a Altamira y Castillo en el territorio de Covalanas y Arenaza. De esta manera quedaría delimitado por el E. por la cueva del Pindal (Riba de Deba), por Altamira, por el interior del Castillo y lo Pasiega (Puente Viesgo, Cantabria), Salitre (Miera, Cantabria), Covalanas, La Haza, por el W. por Arenaza.

 

A partir de Arenaza, los figuras se pierden para reaparecer sólo en conjuntos forma­dos por caballos en Fuente de Trucho (Huesca) y en conjuntas de ciervos megaceros y cabras todavía más al N. y al W. en Cougnac (Dordoña). A estos conjuntos difícilmente podríamos considerarlos como formando parte del territorio delimitado.

 

La naturaleza de este territorio es simbólica y con ello queremos significar sentimientos emparentados con la Religión en un sentido genérico.

 

El Paleolítico Superior Final  

 

La tradición anterior no se interrumpe pero el territorio se difumina. En torno a Covalanas/La Haza/La Cullalvena, se decora lo cueva de Cullalvera. Sus asociaciones y técnicas no difieren de las más extendidas en el Magdaleniense Superior tanto en el Cantábrico como en el País Vasco, lo que parece indican que la naturaleza del antiguo territorio y sus límites quizá, han cambiado.