Espacio geográfico

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 ESPACIO GEOGRÁFICO Y DELIMITACIÓN LINGÜÍSTICA 

    Es un hecho que para muchos vizcaínos todo el territorio que se encuentro “más allá de Bilbao” (al Oeste de Bilbao) entra en el terreno de lo desconocido y lo lejano.

    La Villa de Lanestosa se encuentra enclavada en el extremo occidental de los Encartaciones. Alejada, en la actualidad, de los principales vías de comunicación es, quizá, lo más desconocida de todas los villas vizcaínas. Se asienta en el fondo de un estrecho corredor que, en otros tiempos, fue paso obligado de las mercancías castellanas hacia los puertos cantábricos a través del Camino Real que atraviesa la villa y es, aún hoy, testigo de aquella época.

    En este estudio, hemos traspasado los límites municipales, reducidos al fondo del valle y hemos procurado adentrarnos más en la realidad, ampliando nuestra investiga­ción a ambas vertientes del valle del Calera. Las Concordias de la villa con los valles de Soba y Carranza regulan este espacio mancomunado el cual constituye el marco natural en el que se desarrolla la vida de los nestosanos y al que ellos denominan “aguas vertientes”. 

    Las opiniones de los especialistas coinciden en señalar que el ámbito lingüístico en que se encuentra situado Lanestosa ha sufrido desde muy antiguo una fuerte influencia de la romanización. 

    Recogemos a continuación las opiniones vertidas por los lingüistas referidas a los Encartaciones, sin entrar en valoraciones, ya que esperamos que el material toponímico recogido en Lanestosa sirva para sus futuras aclaraciones o matizaciones. En ningún caso queremos tomar parte en el “fracaso de muchos geógrafos e historiadores que, sin especiales conocimientos lingüísticos, intentaron hacer investigaciones toponímicas...” (7).

    Caro Baroja señala que “El vascuence ha debido perderse hace mucho en las Encartaciones y en las márgenes occidentales del Nervión hacía su desembocadura... como parece revelarlo la toponimia” (8).

    Tovar es claro en su postura: “Se pasa de una toponimia íntegramente vasca a una toponimia como la de la orilla izquierda de la ría, donde algunos restos vascos son restos sumergidos de antiguo en otra ambiente lingüístico” (9).

    Mitxelena coincide con lo opinión de Tovar: “el límite aparece cortado de una manera mucho más clara al Oeste que al Este, como advierte con mucha razón Tovar. Si dialectos de tipo vasco se hablaron más allá de la frontera histórica occidental del vasco en Bizcaya, fueron suplantados en fecha muy remota por dialectos indoeuro­peos” (10). Unos años más tarde afirma que “Una parte del occidente de Vizcaya, amplias zonas navarras y algunas alavesas son sin duda desde muy pronto — desde que poseemos una documentación suficiente, desde luego— de habla romance...”

    Por su parte, Irigoyen opina, basándose en la obra de Lope García de Salazar del s. XV (12) que “Con toda probabilidad en Las Encartaciones, sobre todo en la zona de Carranza, Arcentales, Trucios, Lanestosa, parte de Somorrostro, etc., la lengua predo­minante a la sazón aunque no la única, sería el castellano, no tanto en el área compren­dida más o menos entre Baracaldo, Gordejuela, Gueñes, Zoila, Galdames, etc. donde la lengua vasca fue utilizada con cierta intensidad hasta más recientemente...” (13).

    Por último, recogemos lo que, en lo voz Vizcaya, expone el autor del Diccionario Geográfico-histórico de España de 1802: “Los más, exceptuando lo gente culta, no saben otro idioma que el vascuence, salvo en las Encartaciones y villas de Portugalete, Valmaseda y Lanestosa, donde tan sólo se usa el castellano” (14).

    Son los lingüistas los que más han estudiado los límites del euskera y, según Mitxelena, la toponimia “da también alguna luz sobre los límites antiguos de los hablas eúskaras” (15). Lo documentación dispersa en diferentes archivos, junto a lo recogida exhaustiva de topónimos son, sin duda, fuentes importantes de información que contribuirán a fijar estos limites.

    La delimitación de cualquier hecho, y en este caso de lo lengua, resulta siempre difícil, confusa y, finalmente, impreciso. Pero quizá lo es aún más, si dejamos de lado el estudio del medio en el que se han desarrollado los hechos, es decir, lo geografía. Las barreras físicas cobran validez ya que son el límite natural de cualquier relación y, el fondo de valle, por el que discurre el Camino Real en Lanestosa, es la verdadera vía de comunicación. Lo accesibilidad, más influyente que la proximidad, es un factor que hemos de tener muy presente para cualquier delimitación.

    En las Encartaciones, el estudio de los límites antiguos del euskera y el análisis de la influencia de la romanización no deja de ser un tema complejo y, todavía hoy, debatido. El tratamiento que se le ha dado ha sido, en lo mayor parte de los casos global. Un espa­cio de 431 km.2, de difícil y desigual accesibilidad no puede ser tratado de manera homogénea como si constituyera una unidad. Es necesario llegar a delimitar oreas homogéneas.

    Matizando aún más y refiriéndonos al extremo occidental de los Encartaciones, Pensamos que no responde a lo realidad geográfica, como lo hacen algunos autores, el incluir la toponimia de Lanestosa junto con la del Valle de Carranza

    Por tanto, en nuestra opinión, para cualquier delimitación lingüística, si bien es necesario, no es suficiente el recoger de viva voz el topónimo, documentarlo, compararlo... Conviene conocer el medio en el que se han desarrollado los hechos y han quedado fijados los topónimos.