Hombres, recursos

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HOMBRES, RECURSOS Y MERCADO 

“En una profunda encañada a orilla izquierda de un arroyo que desciende de los Montes de Robedules y Zalama, tiene situación la villa de Lanestosa... Dista de la villa de Bilbao, 10 leguas, 5 de la de Balmaseda y otras 5 de Laredo. Confina por oriente con el valle de Carranza, por el sur y occidente con el de Soba y por el norte con la Junta de Parayas”. De esta manera sucinta describe Iturriza (1) la situación y enclaves de la villa de Lanestosa a finales del siglo XVIII. 

Sin embargo, escasean los testimonios y referencias históricas y literarias a Lanes­tosa y cuando las encontramos son redundantes. Delmas, en su guía histórico-descriptiva del viajero en el Señorío de Vizcaya, publicada en 1864, nos la presenta como “pobre, humilde y casi olvidada”, como “pueblo exclusivamente agricultor, dedicado al cultivo del maíz, trigo, alubia y lino y a la recolección de castañas y nueces, al pastoreo y a la elaboración del carbón que le rinden sus bosques de madroños, robles y encinas con los cuales hace algún tráfico en Valmaseda, Laredo y algunos pueblos comarcanos”, para concluir afirmando, “... Lanestosa, lo mismo en el siglo XIII como en el XIX, arrastra una vida lánguida, perezosa e inerte” (2).

Observe el lector que Delmas califica a esta villa como pobre y humilde, de vida lánguida e inerte, pero constata una actividad agropecuaria maderera y no deja de señalar que por su centro atraviese un camino real que la liga por un lado, en Ramales, con el de Bilbao, y por el opuesto, con las provincias de Burgos y Santander”, lo que es lo mismo, con Castilla y el mar, en donde existen además varios mesones y tabernas “muy frecuentados por los arrieros y carromateros que de paso atraviesan sus términos’ (3).

En las páginas siguientes, trataremos de esbozar las claves dominantes que caracterizaron la vida económica de Lanestosa durante la Edad Moderna, alejándonos de todo planteamiento simplista y tópico para centrarnos en los elementos que singularizan la ecuación hombres- recursos- mercado.

Y si iniciábamos el capitulo con descripciones de paternidad extraña a la villa, creo pertinente continuar con las realizadas por sus naturales Este oficio remitido por el Regimiento de Lanestosa, en 1837, a la Diputación vizcaína puede servirnos de introducción a la ecuación propuesta:

“En esto villa tiene cada vecino 10, 12 ó 14 obreros de tierra y no más para sembrar borona, sin que haya más terreno para sembrar trigo ni viña. La mitad de los vecinos cogerán para solo el gasto anual de su casa, Si el año es bueno o abundante, y la otra mitad cogerán para solo seis u ocho meses del año, teniendo que dedicarse los mas para mantener sus familias a jornaleros de caminos a porteadores de trigo desde Castilla a Limpias, con los miserables juntas de bueyes de su labranza.

Las dos terceras partes de la población son colonos o renteros y la otra propietarios. Esto en Carranza viene a ser igual, pero allí hay cosecha de trigo, además de la borona y como hay terreno abundante labra cada vecino tres veces mas que los de esta villa...

Esta villa no tiene más terreno entre población y labranza que como dos a tres tiros de fusil de largo y medio tiro escaso de ancho... Carecemos en esta villa de fabricas ni industrias productivas porque su estéril localidad no da más de si, atenidos a las cortas cosechas de su corta extensión; pues hasta los pastos y leñas para el hogar vienen de unos cortos sitios comuneros entre dicho valle de Carranza y el de Soba.

Si a esta villa se ha graduada hasta aquí rica porque tiene seis casas buenas que con sus dueños aparentan riqueza, les ha venido de otros puntos, y en las actuales circunstancias las han abandonado, pasando a vivir donde les conviene y puedan sostenerse y los que han quedado sin facultades, vivimos gravados hasta lo insoportable...” (4).

Claro que el documenta se realizó en una coyuntura de guerra. En lo esencial, evalúa los limites, las posibilidades y las expectativas nestosanas. Ciertamente, la villa no dispone de fabricas ni industrias productivas, su jurisdicción es reducida, la estructura social está jerarquizada y sus recursos son limitados. Es, pues, un buen preludio para iniciar el análisis de los perfiles económicos de Lanestosa desde el siglo XVI al XIX. Para ello será necesaria bosquejar sus estructuras demográficas y ocupacionales, la distribución de la riqueza y la renta, sus modificaciones, los niveles de consumo y, finalmente, el mercado a través de los rendimientos fiscales de la taberna, abaceria. etc.

En todo caso, nos interesa trazar un modelo integrador donde la evolución demográfica y económica implique y explique las tendencias de expansión y contracción del mercado, los consumos y las rentas.

La propia naturaleza de las fuentes primarias existentes no nos permite calibrar la población nestosana con total fiabilidad en su pasado histórico. Un abanico de estimaciones discutibles nos ha conducido a articular una base de topologías clasificatorias, propias de la época.