Industria

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INDUSTRIA TRADICIONAL 

Los molinos 

La utilización de la fuerza del agua del río Calera para la molienda del grano de las cosechas cultivadas en Lanestosa, se recoge ya en la Carta Puebla de su fundación, año de 1287: “é doquier que pudieran follar aguas para regar huertas, o viñas, o molinos... tómenlas”. 

El 26 de febrero de 1593(1) se levanta testimonio notarial de la posesión que tomó la Villa de Lanestosa de un salto y parada en el río para lo edificación de un molino para propios de su concejo. 

En la fogueración de 1795(2), Lanestosa contaba con tres molinos, ubicados en la Villa, y medio en el vecino Valle de Carranza. 

Cuatro eran los molinos existentes en el año 1883; los de La Cantera, La Ventilla, El Campo y Casa Blanca, dedicados todos ellos a la molienda de maíz, con un término medio de producción anual de 1 1/2 fanegas (3). Los cuatro molinos que se citan no molían más que lo que cosechaban en las renterías o terrenos que llevaban en rentas, juntamente con el molino, sirviendo más bien de vivienda para dichos renteros que como industria. 

Son los molinos de Casa Blanca y La Ventilla los que, con el paso del tiempo, mantienen principalmente su actividad. Así en el año 1923 figuran ambos dados de alta en la Contribución Industrial (4), establecidos como molinos de represa, de tres ruedas, para moler más de tres meses y menos de seis; enero, febrero, marzo, noviembre y diciembre.   

El molino de La Ventilla mantiene su actividad hasta el año 1926, reanudando la misma dos años después, haciéndolo sólo con una de sus piedras. 

Tras las vicisitudes impuestas por la guerra civil, ambos molinos siguen en funcionamiento. 

El de Casa Blanca lo hace hasta el año 1946, en que es precintado y levantadas las piedras por la Fiscalía de Tasas, manteniéndose el edificio y su maquinaria en perfectas condiciones hasta ser arrasadas durante las inundaciones de 1983. 

Por su parte, el de La Ventilla siguió su normal funcionamiento hasta las inundaciones anteriormente mencionadas. La tromba arrasó totalmente la presa, sufriendo graves daños el edificio y la maquinaria y quedando totalmente inutilizado. En las décadas de los años 60 y 70, tras un período de su actividad dedicada a la molienda del grano de la Villa y parajes vecinos, así como el transportado por los camiones procedentes de Castilla para los almacenistas de Lanestosa (piensos y panadería), la molienda era escasa. Ya sólo funcionaba con dos piedras, una para pienso y otra para maíz. 

La hidraúlica utilizada en los molinos nestosanos ha sido la tradicional. Tomemos como ejemplo la existente en el molino de La Ventilla.   

El agua del río era retenida mediante la presa. Esta estaba construida totalmente de piedra, levantada sobre la roca del lecho del río con una anchura frontal de 10 metros y una caída de agua próxima a los 2 metros. 

Se enviaba el agua por un canal, el calce (conocido también como el cauce) con una longitud de aproximadamente 36 metros y una sección media de 0,50 x 1.05 m2. Este parte de la orilla izquierda y con el suficiente desnivel paro que el agua discurriera hasta el “camarao”, regulándose la entrada del agua al calce mediante una compuerta vertical de hierro. Hacia la mitad del trayecto del calce aún se observa, en el muro queada al río, una compuerta lateral “la sangradera”, cuyo empleo no era otro que el devolver al río el agua que entraba en el calce cuando se cerraba la compuerta para llevar a cabo alguna reparación o limpieza en la maquinaria del molino. 

“El camarao”, depósito de agua excavado sobre la roca y construido con piedra (mampostería), tiene una longitud de 14 metros y una anchura de 2,90 metros, ociando escalonadamente su profundidad entre los 2 metros existentes en la zona trasera, lugar donde termino el calce, y los aproximadamente 4 metros en el muro de contención del mismo, que a la vez sirve como pared del edificio del molino. En el inicio del comorao existía un rebaje “sangradero” para que rebosaría el agua en éste. 

Ya en la parte baja del edificio, nos encontramos con dos “chimbos”, especie de tubo, en madera, cuadrilongo, con tapa, por las que el agua, desde el camarao, salía a presión para golpear los rodetes. Se dejaba salir el agua levantando las tapas desde el piso superior, mediante palanca de hierro. 

Los rodetes eran una rueda de hierro, en posición horizontal, dividida en una especie de cazoletas, en forma de aletas, que al ser golpeadas por el agua hacían girar el eje vertical de madera. 

De los tres rodetes iniciales, y antes de las inundaciones que inutilizaron el molino, sólo se mantenía uno de ellos, del que en lo actualidad sólo quedan restos. Si se mantiene la turbino que era la que más trabajó en los últimos años. A diferencia del de rodete, el eje de la turbina es metálico, de hierro, de sección cilíndrica y más estrecha. 

En el eje de madera, introducida, se encuentra la espada, barra de hierro rectangular, que tiene en su parte superior una pieza, igualmente de hierro, en forma de U invertida “la nadrija” y sobre la que está encajada la piedra giratoria “encimera”. Lleva también el eje empotrado un cojinete que va ajustado a la piedra que queda fija “la bajera”. 

Las piedras, que eran traídas de Castilla, estaban provistas de unos canales con el fin de facilitar su ventilación y la salida de la harina. Cuando estaban en uso solía subir al molino un molinero del vecino pueblo de Ramales de la Victoria para picar las piedras, rebajar los canales desgastados por el efecto de la molienda del grano. 

Las piedras se tapaban con el guardapolvos, caja de madera de forma poligonal. Esta tenía una abertura central por la que el grano, desde la tolva, caía entre las dos piedras. La tolva era de madera, en forma de tronco piramidal invertido. 

En cuanto el grano ya estaba molido, la harina pasaba a las arcas mediante un pequeño canal de madera forrado de hojalata. 

Para levantar y mover las piedras se utilizaba el pescante, mástil de madera giratorio que posee en su parte superior un brazo, en ángulo recto, y al que un tirante inclinado refuerza su sujeción al mástil. En el extremo del brazo se encuentra el torno giratorio, que mediante palanca se usaba para el cambio de las piedras. 

El grano de maíz, producto habitual de la molienda, se llevaba al molino en la talego, saca de tela. Se conoció igualmente el uso del zurrón, hecho con pieles de cabra.   

Ordinariamente, las medidas de capacidad empleadas en el molino han sido el celemín (aprox. 4 kgs.), recipiente de madera dividido en dos horizontalmente. Por uno de los lados tenía la capacidad del celemín completo y, por el contrario la mitad, es decir, medio celemín. La fanega (12 celemines) era la otra medida usual, si bien se empleaba un recipiente de capacidad inferior, la media fanega (6 celemines). 

Ha sido habitual que el molinero cobrase por el trabajo de la molienda en especie, la llamado “puñera” y que más o menos venia a ser una décima parte de lo molido. 

A la par que los molinos hidráulicos de Casa Blanca y La Ventilla, también funcionó en Lanestosa, desde principios de siglo hasta finales de la década de los años 70, un molino movido por electricidad. El molino de Juan Eguía, conocido así por ser éste su primer propietario, se hallaba situado en la plazuela de la calle La Ribera, conocida también como plazuela de los Atrancos. 

Era, en el principio, molino de ejes y piedras, éstas últimas de mayor tamaño que las de los hidráulicos. 

En el año 1952, después de tres décadas de inactividad, el molino paso a propiedad de Estanislao Polledo, quien a su vez, cuatro años después, arrienda el molino a Sobera. Entonces se modifico el molino, pues se habían levantado las piedras, y se colocó un molino de martillos. Años después, sus propietarios arriendan el molino a Manuel Busto, siendo su mujer María la última molinera. 

En sus últimos años de existencia ya no molía para el público, haciéndolo para el almacén de piensos que tenía su arrendataria. El grano (trigo y cebado) se bajaba de Castilla. 

Sobre este molino, Carmelo Echegaray (5) escribe: “merece mención especial, porque suple con creces las deficiencias de los otros, sobre todo en épocas de sequía, y porque es uno de los elementos de vida con que cuenta Lanestosa, ya que atrae a la gente de los pueblos comarcanos que va allí a adquirir harina”.