La
casa habitación
La arquitectura doméstica es objeto de una de las
partes más importantes de nuestro esfuerzo porque, como célula básica de la
actividad económica del habitante de la villa, el conocerla será uno de los
mejores caminos para entender el desarrollo histórico de la misma.
Tanto o más
que en las poblaciones del entorno (Valle de Soba, Junta de Parayas, Valle de
Carranza, etc...), el patrimonio monumental de Lanestosa constituye un excelente
reflejo de las actividades económicas, agropecuarias, artesanales y comerciales
de sus habitantes y de su jerarquización social a través de los siglos. En
Lanestosa, los testimonios monumentales son soporte fundamental de los históricos
escritos, con los que guarda un estrecho correlato, como se podrá advertir,
aunque quisiéramos que fueran más elocuentes.
Ya
queda suficientemente reflejado en otro lugar que la principal razón de ser de
la villa de Lanestosa es su condición de población de tránsito, parada y
fonda de arrieros y trajinantes, lugar de paso de mercancías entre Castilla y
la costa por este territorio marginal vizcaíno. Nunca ha debido tener (salvo en
la actualidad) mucha importancia la actividad agropecuaria, para lo que no es
muy apropiado su exiguo alfoz (parlo reducido precisamente), pero si la
actividad comercial de sus habitantes, fuera de la villa muchas veces,
nestosanos establecidos en Madrid y en colonias.
Son pocos los
edificios palaciales que se conservan y la mayoría de ellos son relativamente
modernos. La documentación de los siglos XVII y comienzos del XVIII nos asegura
que se construyen varios edificios de porte noble, pero no se han conservado
porque —y esta es una de las características del panorama monumental
nestosano— fueron sustituidos como consecuencia del dinamismo constructivo de
la villa, que es innegable a lo largo de todo el siglo XIX, el periodo que más
construcciones proporciona. De los siglos XVI-XVII apenas nos ha quedado media
docena corta de elementos: la iglesia parroquial, el acceso a lo cosa
Lehendakari Aguirre nº 3 y poco mas. Mayor entidad tienen los edificios
residenciales del XVIII, con el palacio Colina, el de la calle Lehendakari
Aguirre nº 27, la pantalla de lo caso de Sainz Trápaga, lo cosa de Bringas y
un resto interesante: la ventana con inscripción de la calle Correo nº 9... El
predominio de edificios de interés, insistimos, es del siglo XIX, tanto en los
que convencionalmente conocemos como populares, como en los cultos. La
arquitectura de pleno siglo XX tiene cabalmente escasa entidad e interés.
Emplea materiales y técnicas constructivas nada arraigadas en la población
(chalet de Sobera (1934-35, casas al fondo de la calle Gómez Caballero, en
ladrillo, descontextualizadas). Sin embargo, en lo frontera del cambio de siglo
hay que citar algunos edificios, palacetes por lo general, de cierto interés:
(Casa Consistorial actual, C/ Sáinz
de Rozas nº 14, la “Casona” y casas más próximas...).
Un
poco de posada ha quedado establecido el esquema según el cual vamos a abordar
el estudio de la arquitectura doméstica nestosana. En pocos lugares será tan
escurridizo lo frontera entre lo culto y lo popular como aquí; los diferencias,
salvo excepciones, no son demasiado grandes entre los edificios puramente
residenciales del siglo XIX y los casos de labranza coetáneas, ni a nivel de
diseño ni a nivel de construcción, ambos de mucha dignidad. Ahora bien, esté
menguado escalón cualitativo debe establecerse solamente en los exteriores,
porque en el interior los edificios cultos y los populares resuelven de muy
diferente manera el reparto de espacios, dedicaciones, materiales, etc., aunque
no será ocioso advertir que algunos de aquellos se han reconvertido en casas de
labranza en tiempos modernos. A fuerza de buscar elementos diferenciadores entre
unos y otros, y sin salirnos del morco cronológico del siglo XIX, habrá que
referirse al mayor volumen de los edificios residenciales, siempre exentos, que
se asocian a amplios huertas tapiadas, a donde se abren grandes solanas cerradas
con cristales, miradores vivideros trasunto de la balconada corrida popular, un
aparejo mejor administrado, generosidad de vanos... En cualquier caso,
insistimos en lo cualidad de homogeneidad del caserío de Lanestosa, aunque
sin olvidar excepciones.