La iconografía

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La iconografía y el arte paleolítico del territorio de Lanestosa 

La comunidad simbólica descrita tiene su traducción al terreno estético, técnico y espacial; está compuesta por grupos que lo interpretan de diversa manera y están relacionados entre sí. 

El parentesco estético/técnico de los santuarios de Covalanas, La Haza y Arenaza lo subrayamos mediante la expresión histórica de “Escuela de Ramales” (Apellániz, 1982).

En Covalanas creemos poder documentar lo obra de un autor que dibuja una larga serie de figuras de cierva de cuello largo, que forma el conjunto más abundante y hermoso y al que acompañan otras figuras de caballo y de un incierto bóvido/cérvido, que le serían difícilmente atribuibles (Foto 1). 

 

Esta interpretación se apoya en el estudio de la variación de autor y lo intercambiabilidad de caracteres entre figuras, al estilo de la que hemos analizado en autores magdalenienses del País Vasco (Apellániz, 1986). 

Los caracteres principales de la serie son las siguientes: 

1.       La tendencia a alargar y estrechar los cuellos y las patas, así como a levantar y redondear las grupas y nalgas, alterando a proporción natural de partes y creando un tronco de aire piriforme. Esta fórmula seria el canon del autor.

2.       La tendencia a subrayar algunas peculiaridades anatómicas (bucles u ondu­laciones del buche, la cruz) e incluso a crearlas sin apoyo en la realidad anatómica de la figura (bucle en parte del vientre). A esta tendencia barroquizante hacia la ondulación, se añade la de las patas.

3.       La tendencia a subrayar partes anatómicas mediante el engrosamiento de sus contornos unas veces duplicando las líneas, otras ampliando su anchura. Estas partes serían las fauces, el nasal, la cruz, la grupa, los inguinales, el arranque de las patas, las nalgas.

4.       La tendencia a diseñar los contornos aplicando en algunas partes tampones aislados, mientras en otras se aplican más próximos o prácticamente secantes y hasta líneas babosas.

Analizando lo serie a través de estos caracteres se pueden establecer 3 subseries parciales. Una podría ser la de los figuras con el cuello muy largo, otra con el cuello mediano y otra con el cuello menos largo. Una gradación similar puede hacerse con otros caracteres, que no hemos descrito, como el del tamaño de las figuras, etc. Si con­sideramos la tendencia barroquizante a crear bucles o subrayarías notaremos que una Subserie los crea en unas zonas, otra en otras y una tercera en otras y los combina de diferente manera. Las mismas o parecidas combinaciones cabe hacer con los otros caracteres descritos. 

Estudiando los posibles subseries notamos que los cuatro caracteres se pueden combinar formando numerosas variantes. Pero se advierte una tendencia a situarlas en torno a un modelo básico, que llamaríamos “el canon”. Este podría caracterizarse así:

la figura de medio tamaño (en torno a 1 m. de longitud), de forma esbelta determinada por el alargamiento medio del cuello y su estrechamiento progresivo hacia la cabeza, con grupa y nalgas altas y redondeadas, que le proporciona un estilo ondulante, de contornos detallistas y también ondulantes. La cabeza es pequeña, de boca abierta y sin más detalles anatómicos que las orejas, abiertas en ángulo desde la base y terminando cada una la línea del cuello y el frontal. Los patas son filiformes. El contorno es de técnica mixta de tamponado y línea.

Las figuras del caballo y el bóvido/cérvido presentar] la estructura de la grupa/ nalga y las patas que parecen tomadas de las ciervas. En el caballo, la anchura de la cri­riera ha estrechado de tal forma el cuello, que recuerda el estrechamiento de los de las ciervas y deforma la figura, que riada tiene que ver con la soltura del trazado de aquéllas. Sería muy difícil encontrar razones sólidas para atribuir estas figuras al mismo autor que las ciervas.

En contraste con el bloque de Covalanas/La Haza, Arenaza presenta una asocia­ción diferente, que concede un puesto exclusivo a las ciervas y que, aunque separado de éstas, sustituye el caballo por el uro (Foto 2).

A esta diversidad corresponde una diferente forma de comportamiento. No es posi­ble suponer que un solo autor ha hecho la totalidad de las figuras ni siquiera la totalidad de las ciervas. En la decoración han intervenido más de un autor y más autores que en Covalanas. 

Aunque las ciervas siguen esquemas básicos que encontramos en Covalanas, hay algunas sensibles diferencias: 

1.       El alargamiento de los cuellos, el redondeamiento de las aricas/nalgas y el estrechamiento de las patas se atenúa sensiblemente. El cuerpo/tronco es más cilín­drico que el de Covalanas. El canon se ha estrechado un poco.

2.       No se observa la barroquizante tendencia a ondular, a veces imaginativamente, las curvas del cuerpo. La línea es menos ondulada y modulada. Por el contrario, uno de los autores modula la cabeza introduciendo una separación entre la parte queva desde el diastema a las fauces y del que va del diastema a la sínfisis mandibular. En el resto, la modulación de la cabeza es imperceptible.

3.       El subrayado de partes mediante duplicación de tamponado o líneas desaparece.

4.       La tendencia a cambiar el tamaño y la posición de los tampones, consecuencia probablemente del gusta barroquizante y libre, se suprime. Las lineas están sistemáti­camente formadas o por tampones yuxtapuestos o por los extremos de los rellenos del cuerpo por tintas planas.

En contraposición a lo que ocurre en Covalanas no se establecen subseries relacionadas entre sí por una gradación nacida de lo variación sino una sensible diferencia. Solamente puede hablarse de pares de figuras atribuibles a su autor, pero deben mantenerse tres autores de pares.

Por lo que hace a Cullalvera, el comportamiento artístico resulta diferente del simbólico, ya que si en éste el santuario coincide con muchos otros de la cornisa cantábrica, es menos frecuente que lo decoren tan escasos autores.