L
A INDUMENTARIA
La indumentaria nestosana no se diferencia de la del resto
de los pueblos de la zona.
Sin embargo, existía una notable diferencia en cuanto a
la condición social de sus habitantes.
Tomemos como referencia el período que comprende desde
principios de siglo hasta los años 30.
Las mujeres de la clase más humilde, usaban como ropa
interior: el justillo, de tela de algodón, más fuerte que el percal, que se
cerraba al cuerpo con cordones por su parte delantera y el calzón, igualmente
de algodón. Se ponía encima del justillo, “la chambra”, camisa de lino
(posteriormente pasaría a ser llamada la blusa). Solían llevar, entre el calzón
y la falda, el refajo, prenda de algodón que se usaba para abrigarse. La falda
llegaba hasta los pies, en colores marrón o negro. Encima de esta llevaban el
delantal, de raso o satén.
Las mujeres de más edad salían habitualmente a la calle
con la toquilla sobre los hombros.
Para poner en los pies se utilizaban medias o calcetines
de lana, que hacían ellas mismas. Usaban como calzado abarcas, alpargatas y
almadreñas, estas últimas en días de lluvia.
Por su parte los hombres usaban como ropa interior,
camiseta de manga larga y calzón largo de tela, que en el caso de los
nestosanos de más edad, eran de felpa. La camisa que se usaba a diario era de
tirilla, sin cuello, por lo general de color gris y rayada “mil rayas”.
Sobre ella colocaban los mayores el chaleco, sin mangas y cuello, en colores
oscuros. Los jóvenes usaban blusa de mil rayas, con fondo blanco y el rayado en
azul, prenda esta que de ordinario también la usaban los niños.
El pantalón usual era de pana (color oscuro) y el de tela
mahón azul, con abundancia de remiendos por la larga duración que se les daba.
Las personas mayores lo sujetaban con la faja, cuyos colores habituales eran
el negro y el rojo.
En los niños más pequeños, el pantalón, siempre corto,
estaba abierto de adelante a atrás.
Los calcetines que se usaban eran de lana hechos en casa.
El calzado de uso corriente era la abarca. A principios de siglo éstas eran de
cuero y hechas en casa. Años después se vendían en las tiendas de la Villa,
abarcas hechas de ruedas de automóvil, un trozo de cubierta vuelto hacia atrás,
en ambos lados, y con cordones del mismo material. Se usaba también el
“borceguí”, bota de monte fabricada por los zapateros nestosanos. Tenía
toda la suela herrada con tachuelas y en el tacón llevaban colocadas unas pequeñas
herraduras. Se completaba el calzado con las alpargatas, que de ordinario, se
estrenaban los domingos y se usaban igualmente a diario.
Era usual, tanto en jóvenes como en mayores, el empleo de
la boina negra para cubrir la cabeza.
Las mujeres de la clase más acomodada usaban como prendas
de interior el corsé y sobrecorsé, que ajustaban al cuerpo, y el calzón.
Otras prendas utilizadas, sobre todo a principios de siglo, han sido: el polisón,
saya con puntillas (ahuecador) que llevaban bajo la falda y el miriñaque,
refajo con armadura de alambre y que servía para ahuecar las faldas. Las
faldas, por lo general fruncidas, eran largas, hasta los pies, y se complementaban
con el uso de la blusa. Tanto éstas, como los habituales vestidos, en telas de
buena calidad, eran hechos, en su mayoría, por los modistas de Lanestosa.
Los hombres usaban todos ellos trajes de paño de lana, en
colores oscuros. La camisa era blanca, con cuello, y no faltaba nunca la
corbata. El calzado usual eran los zapatos. Cubrían la cabeza con sombrero de
fieltro.
La cachaba era de uso corriente entre ellos, pues estaba
considerada como elemento de distinción. Dentro de esta clase acomodada, el
indiano delataba su condición por el uso de trajes de color más claro.
Destacaba igualmente el sombrero que siempre era de paja. Otro rasgo característico
en éstos era el uso y lucimiento de cadenas. Habitualmente llevaban colgando la
del reloj.
Las familias acomodadas disponían de cocineras,
sirvientas y conductores de coche (en el año 1900 suponían el 9,59% del total
de la población de la Villa, aproximadamente 886 habitantes, de quienes se
describe someramente sus habituales uniformes.
Las cocineras, por lo general, no usaban uniforme, si bien
era indispensable el uso de delantal blanco.
Los colores azul, rosa y azul claro, dependiendo de la
casa, eran los predominantes en el uniforme de las sirvientas. Usaban vestido de
una sola pieza, a modo de bata, completándose con el delantal y la cofia, ambos
de color blanco.
Tanto las unas como las otras usaban zapatos bajos, sin
tacón, de color negro.
Los conductores de coche realizaban su trabajo uniformados
con traje azul, usando gorra de plato. Como calzado usaban zapatos negros y
llevaban polainas en los pies.