Labores
Para
la preparación de los terrenos a cultivar, y remontándonos a finales del siglo
pasado (2), cinco eran las labores de preparación y siembra: sorrer, layar,
abonar, sembrar con rastro e igualar la tierra con rastrillo y azada. A mediados
de siglo, lo primero que se hacía era sorrer (quitar con la azada toda la
hierba mala), después maquinar con el arado (posteriormente reemplazado por el
braban) tirado por la yunta de bueyes o vacas, labor ésta que sustituía a la
realizada con los layas y azadas. A continuación se pasaba el rastro para
igualar la tierra.
Terminadas
estas labores, se iniciaba la siembra propiamente dicha. Se comenzaba a finales
de abril para terminar el 15 de mayo (festividad de San Isidro), excepción
hecha en la siembra de la patata que, por lo general, se hacía en el mes de
marzo. Este calendario, salvo excepciones, aún continúa vigente.
La
patata se sembraba casi siempre a hoyo o torco, para lo cual se hacían, con
azadas, cien o doscientos hoyos que se dejaban “carear” (secar la tierra
cambiando de color) y se echaban los trozos de patata en ellos, para acto
seguido ir tapándolos con la azada. También se solían sembrar a surco, empleándose
para ello el arado. Actualmente, si la huerta es pequeña se sigue sembrando o
torco; por el contrario, en las de mayor extensión se emplea la máquina (apero
de labranza sustituto del arado de tracción animal) para hacer los surcos o
riegos. Una vez que se han echado los trozos de patatas en los surcos, se pasa
la máquina por entre ellos para que en cada recorrido, ésta cubra los de ambos
lados.
El
maíz, cualquiera que sea el lugar de su siembra, siempre se hace a voleo, como
antiguamente, al igual que los alubias, pero estas últimas sólo en las piezas.
En los huertas, y con respecto al resto de productos hortícolas, se emplea para
su siembra el hoyo.
Pasado
cierto tiempo, años atrás, una vez que las plantas ya habían nacido, se
sallaba (quitar todas las hierbas que habían salido con la azada) entresacando
aquellas plantas que habían nacido de más. De los ocho a quince días de haber
sayado, se amontonaba la tierra sobre los plantas, resayar. Hoy día estas
labores ya no son frecuentes, si bien se realizan en algunos casos, concretándose
en productos de huerta.
Para
realizar las labores de sallar y resallar se ayudaban las familias, formando
cuadrillas, correspondiendo a la mujer, en su mayoría, el llevar a cabo las
mismas. Igualmente, había mujeres que de ordinario realizaban estas labores al
pago de un jornal.