Igualmente
se necesitaba para realizar el juego una canica, de cristal con vetas de colores, o en su caso de barro.
Era
costumbre el que las niñas llevasen las tabas y la canica en una pequeña bolsa
de tela.
Para
jugar, se cogían las tabas entre las manos y se tiraban sobre una superficie plano, quedando éstas en distintas posiciones. Se lanzaba entonces
la canica al
aire, y en período de tiempo transcurrido entre subir y bajar, se intentaba
colocarlas todas en la misma posición, comenzando por CARA, e intentando, con
una mano, las más posibles de las que ya estaban en la mismo posición, llevarlas a su
parte; recogiendo la canica, sin caer al suelo, con las dos manos.
Se
solía jugar de entre dos a cuatro niñas. Mientras no se hacia fallo, hasta
colocar y llevar a su mano las seis o doce tabas de su propiedad, cada niña
continuaba jugando cambiando a la siguiente posición, y así sucesivamente
hasta completar las cuatro posiciones.
En
caso de fallo; no recoger la canica y caerse esta al suelo, ni colocar y recoger
taba alguna, la niña que estaba jugando tenía que esperar un nuevo turno, tras
fallo de las otras participantes.