Lavadero
Lanestosa
disponía de un lavadero relativamente cómodo (construido en 1861) en un paraje
próximo al que ha llegado a nuestro dios. Ocupaba el espacio que queda ahora
libre entre los dos puentes de piedra y la fuente. En 1896 debió parecer
inadecuado
el lugar y obsoleto el servicio porque la villa (que había recibido nuevos
caudales de aguo) decidió construir un nuevo lavadero y un nuevo depósito de
aguas, aparte de un abrevadero, el principal de la población, situados los tres
elementos en un mismo entorno.
El
concejo y su alcalde Francisco García de Varanda lo encargaron al arquitecto
Francisco Echevarría, de Ampuero, quien lo tenía listo (es magnifico la
memoria no sólo en cuanto al texto sino también en respecto de los dibujos)
para el 22 de febrero de 1897.
El
lavadero, aunque fuero de uso, se conservo, como también el depósito; no así
el abrevadero, que estaba entre la escuela y la Caso Consistorial. El lavadero,
que es lo que aquí más interesa, es un edificio de mampuesto armado de cerchas
de madera a dos aguas, con guarnición de guardamalletas (tendidas) hacia la
fachada, ya desaparecidas que se conformo en tres arcos de medio punto, el
central correspondiente a una escalera que desciende desde el nivel del porque
hasta la sala. Esta está constituida por dos filas de pilas (19) individuales a
los que llegaba el agua mediante grifo, del depósito construido a un lateral
ya nivel más alto, y desaguaba par sifón o canaleto central que vertía hacia
el río Calera.
El
sistema de pilas individuales, en vez de poza común, supone un avance notable
en este tipo de servicios comunitarios, pero a esta ventaja hay que añadir la
belleza general del diseño, y la de los complementos, como la forjo de defensa
del elemento.
La
construcción del lavadero, abrevadero y depósito supuso la remodelación de la
plazuela donde se ubican, si bien no adquirió su dimensión actual hasta que no
se trasladó a ella la fuente, que ahora ocupa un lugar céntrico.
La
acometida de aguas a los domicilios de Lanestosa, muy modernamente, hizo caer en
desuso el lavadero; se conservan, sin embargo, sus instalaciones. Una grueso
solera de cemento o nivel de la calle, sobre pilares, permite ahora el rehúso
del edificio como lugar de recreo cubierto para los niños de la cercana
escuela.