Materiales
y aparejos
La
geología de Lanestosa y su entorno han de entenderse dentro del amplio marco de
la cornisa cantábrica y los materiales constructivos que proporciona son, por
tanto, comunes a Asturias, Cantabria, País Vasco cantábrico, etc..., básicamente,
la piedra y la madera, aquélla empleada sobre todo en muros de carga y solerías
y ésta en elementos portantes internos, postes, y de cubrición, armaduras,
además de en forjados y solanas.
El
propio territorio nestosano se constituye en importante arsenal de materiales
constructivos, sobre todo de piedra, en el risco de Copeñil, de excelente
caliza gris omnipresente en las construcciones del pueblo y del contorno, pero
tampoco debe olvidarse otra inagotable “cantera”: El cauce del río Calera,
un largo lecho de cantos rodados, que se han empleado también mucho en el
pueblo, en muros de casas y tapias de huertas, y en tabicajes internos, aparte
de las solerías de las calles encachadas y de algunos zaguanes.
El
mampuesto es el aparejo más frecuente en la arquitectura de la villa. Es poco
usual que aparezca vista; más bien se presenta enlucido en blanco, aunque ahora
parece que se va imponiendo una moda de dudoso gusto, la del sacado de la
piedra. El mampuesto visto, pero con las juntas recogidas, junteado o
aparejo vasco, también puede apreciarse en Lanestosa desde finales del
siglo pasado. El mampuesto de canto de río en exteriores no está muy
extendido: C/ Arena nº 8, Lehendakari Aguirre nº 14..., aunque algunos
enlucidos pueden ocultarlo en otros casos.
La
cantería es poco usual; de hecho no existe ningún edificio que presente todos
sus muros perimetrales de sillería, aunque está siempre presente en los
esquinazos de las casas y también en las definiciones de sus vanos, en impostas
yen cornisas. Bastaría citar a la familia de los Lanestosa, activos a lo
largo del siglo XVI por muchos ámbitos de Castilla, para reconocer la tradición
canteril de esta villa que, sin embargo, no se ha reflejado bien en su propio
caserío. El último cantero de Lanestosa, Valerio San Emeterio, excelente
oficial, falleció a comienzos de la década de los cincuenta sin dejar escuela.
Arriba
se ha citado la importancia de la caliza de Copeñil; sin embargo, hay que
advertir que en los edificios más antiguos, la iglesia parroquial y los accesos
de las casas Lehendakari Aguirre nº 3 y Arena nº 13, por ejemplo, la textura
de la piedra es diferente, arenisca muy compacta, de procedencia foránea, al
parecer.
El
entramado de la madera con otros materiales es igualmente poco frecuente. Existe
un tipo que combina lo madera con los cantos de río, lo que se usa sobre todo
en tabiques de las plantas bajas (en Lanestosa se le llama imprentas) y
otro que combina la madera con materiales terrosos (Lehendakari Aguirre nº 16);
son materiales muy compactos, parecidos al adobe (manteado), lo más rústico
que hemos visto, pero muy escaso hoy. Como escaso es el ladrillo macizo, que en
exteriores sólo lo hemos visto en Lehendakari Aguirre nº 14, en el registro
correspondiente al payo.
Tampoco este aparejo se libra del enlucido en blanco,
generalizado en Lanestosa.
La
madera, básicamente de roble y castaño, es material muy versátil y adaptable
a la construcción. Se emplea como elemento portante y como solera en la
separación de pisos. El castaño, en concreto, se asocia más bien a
exteriores, por sufrir mejor las inclemencias del tiempo, la humedad sobre todo.
El roble predomina en las funciones portantes en forma de gruesos postes
cortados en sección cuadrangular que, apoyados en poyales de piedra caliza (campanil),
suponen la estructura interna de la mayoría de las casas de la villa. También
suelen ser de roble las vigas que apean en ellos, que frecuentemente surcan
toda la dimensión del edificio asomándose a la fachada principal y soportando
la estructura de las solanas y balconadas (que pueden llevar barandales, barandas,
torneados de castaño y. desde luego, forjado de lo mismo).
En
cerramientos, por contra, apenas se usa la madera, aunque la hemos visto en algún
caso (Lehendakari Aguirre nº 8), pero es residual, como lo es el verganazo, entrelazo
de varas de avellano (Mirabueno s/n), tan frecuente en Carranza.
La
calidad de los trabajos de la madera no pasa de discreta en una población que
también ha dado excelentes carpinteros y retablistas asentados en Burgos, La
Rioja... No hay aleros notables, ni balconadas destacables; todas logran un
nivel medio digno, pero están muy lejos de los pueblos ejemplares de Cantabria,
Navarra, Rioja Alavesa, Burgos... Por señalar algo de lo más importante,
citaremos los canes de C/ Gutiérrez Martínez nº 10,
los del palacio o casa de
Colina, y los de la balconada de la casa de Lehendakari Aguirre nº 11. En
cualquier caso, trabajada o no, la madera adquiere en Lanestosa un bello
protagonismo, como en el resto de Las Encartaciones, Cantabria, etc...
La
arquitectura del hierro apenas está representada en Lanestosa, aunque a este
respecto hay que citar algunas reposiciones de pies derechos por columnas de
hierro fundido en el sostén de varias galerías; también aparecen en la pequeña
alhóndiga adosada a la iglesia parroquial.
Haciendo
extensivo el trabajo del hierro a enverjados, hay que señalar que algo de lo
que más aspecto urbano presta a Lanestosa son sus jardines o huertas defendidos
por verjasmuro de hierro, sobre todo en las calles Real y Sainz de Rozas. Las más
modernas, desde finales del siglo pasado, han salido de los talleres de D.
Federico López y de D. Justo Odriozola, ambas fraguas ya cerradas, aunque la
primera, regida por D. José López (Pepín López) ha sobrevivido hasta hace
pocos años, conservando los útiles fundamentales del oficio de herrero. Este
último maestro pudo trabajar con su padre, hacia 1922, en la mejor verja del
pueblo, la que cierra la propiedad de Sainz de Rozas nº 2. En cuanto a
balconaduras de hierro, poco frecuentes dentro de un predominio total de la
madera, se pueden citar las de Plaza de España, o Plaza Vieja nº 3, y de Arena
nº 11, más amplias ambas que la de la Casa Colina, que es, sin embargo, mucho
mejor forja.
Al
hilo de lo reflejado respecto del hierro queremos señalar también la pobreza
de elementos decorativos de forja en las puertas: llamadores, aldabas
(interesante la que en forma de serpiente conserva la casa de C/
Gutiérrez Martínez nº 10), clavos, etc. En más de un caso hemos visto
que los llamadores y tiradores de bronce se han arrancado, a veces por los
propios dueños, en prevención de robos. Durante el verano suelen lucir todos
muy limpios.
Fuera
de este apartado del hierro, pero referido también a los elementos decorativos,
llama la atención en Lanestosa la escasez de heráldica, a pesar de que las
cartas de hidalguía son numerosas y esa condición debió estar bastante
generalizada en la villa. Sólo se conservan tres escudos decorando das
fachadas; además, los que aparecen la casa nº 8 de la calle Correo son casi
iguales; el de la casa Colina, por su parte, es un buen ejemplar. No es al
respecto este de Lanestosa caso absolutamente extraño entre las vi lías vizcaínas,
pero sí es uno de los más llamativos, aunque es seguro que fue bastante más
blasonada, a juzgar parlo que los documentos del siglo XVII cuentan, cuando los
comitentes contratan la labro de escudos, incluso esquineros, para sus casas.
Como tantas veces ocurre al investigador, los testimonios arqueológicos
(monumentales) le prestan menos apoyatura que los documentales.