MEDICINA
POPULAR
En el año 1900, contaba Lanestosa con cuatro médicos que ejercían su
profesión, sin embargo, y pese a ello, arraigo ha tenido en el vulgo nestosano el popular reconocimiento de virtudes curativas en las plantas. Este
reconocimiento se extendía igualmente al uso de algunas sustancias, de empleo
asiduo, en la medicina casero.
En lo que a plantas medicinales se refiere, ha destacado la manzanilla. Se
emplea habitualmente en infusión, tanto parias personas como para los animales.
Es costumbre el recogerlo en verano, entre el 15 de agosto al 15 de septiembre.
Como tratamiento para la cura de catarros, fue habitual el emplea de infusión
de la flor de malva. Esta se tomaba bien caliente.
Otra remedio casero para la cura de los catarros consistía en hervir vino
con higos pasos, tomándose este liquido bien caliente.
Así mismo, ha sido costumbre, cuando el resfriado era más aguda y afectaba
las vías respiratorios, el hervir agua con hojas de eucalipto y hacer
inhalaciones, tapando la cabeza con una manta.
Para la curación de los catarros de garganta (enfriamientos, escozor, afonía,
etc...) existían varias tratamientos:
Se preparaban las hojas de la salvia en infusión y se tomaba, un poco
caliente, al menos dos veces al día.
Otro procedimiento era echar en una sartén un cuarta de kilo de sal. Puesto
al fuego, y una vez que ésta ya se había calentado se introducía en una media
de algodón, que se colocaba en la garganta mientras mantenía el calor.
La curación más rápida de estos catarros de garganta se conseguía
practicando el siguiente gorgorismo: Se exprimía un limón con un poco de agua
y se hacían gárgaras, varias veces al día, durante dos o tres días.
Es este un tratamiento que aún hoy día sigue vigente.
Los niños que padecían molestias en la garganta, atribuidas generalmente a
las lombrices, llevaban colgando de la garganta, para ahuyentarlas, un manojo
de hojas de menta, Esta planta se cultivaba en los huertos nestosanos.
También contra las lombrices era habitual el emplea del agua de hollín. Se
arrascaba la chimenea de la cocina, recogiendo el hollín desprendido y echándola
a remojo en agua. Al día siguiente se pasaba el agua por un colador y la daban a
beber al niño.
Las afecciones externas de los ojos (inflamación,
congestión de la visto, impurezas, etc...) se trataban con infusiones de la flor de
saúco. que se recogía la víspera de San Juan. Los ojos se lavaban repetidas veces con el
agua templada.
La infección de las vías urinarias (estimulación o
retención de orina) tenía un tratamiento a base de infusiones, que se
tomaban en caliente, de la planta conocida en Lanestosa por “rabos de
zorro”.
La diarrea se trataba tomando la infusión de hojas de
zarzamora.
Para calmar los nervios se tomaba infusión de hojas de
tilo, recogidos de los tilos existentes en la Villa.
La tensión se bajaba tomando la infusión preparada con la corteza de
la “carrasquilla”.
Aunque no muy usual, alguna que otro vez, acudían las
personas a un curandero carranzano para ser atendidas o causa de fracturas o
dislocaciones en brazos y piernas.
Hasta bien entrada la década de los años 30, en que poco
a poco fueron sustituidos por las matronas tituladas, existieron las parteras.
Eran mujeres de la Villa, conocedoras y prácticas en los partos, que asistían
en el momento del alumbramiento a la parturienta y al recién nacido. El pago por
estas prácticas lo realizaban las familias atendidas, y era costumbre de
hacerlo en especies, además de una pequeña cantidad en metálico.
