MINERÍA
La
mayoría de las explotaciones mineras relacionadas con Lanestosa se han
realizado en terrenos mancomunados con el Valle de Carranza.
Julio
Lazurtegui (1) escribe: “se explotaron, hace algunos años, en término de
Lanestosa, blendas y calaminas con algo de galena”, pero equivocadamente se
refería a las minas la Milagros, la Matilde y la Flora, todas ellas en el
municipio carranzano.
Sobre
ellas escribe Nicolás Vicario (2): “Tienen una casa de beneficiado y se explotan
en pequeño escala. Se llaman minas de Lanestosa, porque bajan los minerales por
Lanestosa y los trabajadores son de esa Villa y de Sangrices”.
Sin
embargo, y aunque no se citan en publicación alguna, las minas la Claro y la de
Martin, estos sí se encontraban en terreno nestosano. Así mismo, se llevaron
acabo trabajos de minería en el interior de la cueva de los Judíos, situado
en el límite de los municipios de Lanestosa y Carranza.
En
el año 1920 la Real Compañía Asturiana de minas compraba al Sr. Bretones las
minas la Matilde y la Milagros (3), paro mantener su explotación hasta el año
1925.
En
estas antiguas y pequeñas minas se llegó a emplear, para la extracción del
mineral a la superficie, un malacate, torno vertical accionado por tracción
animal (buey o caballo). El lavado de la galena, principal mineral extraído, se
realizaba con cribas de palanca (los conocidos, en la terminología minero,
cartageneros). Tanto esta labor, como la de su clasificación, la realizaban
mujeres asalariadas.
Desde
la Matilde se bajaba el mineral en corros, tirados por yuntas de bueyes, hasta
el muelle cargadero situado en el barrio nestosano del Polvorín. Desde aquí,
igualmente en carros, se transportaba hasta el pueblo cántabro de Limpias,
donde se embarcaba con destino a Bélgica.
A
finales de los años 40, las explotaciones antes citadas, abandonadas por la RCA
pasan a pertenecer a la Sociedad Coto Chomin. El mineral extraído en este grupo
minero se llevaba en camiones, o través de Lanestosa. hasta el lavadero que
esto misma empresa poseía en Trucios.
Las
labores generales, encaminadas principalmente a la extracción de galena, se
realizaron mayoritariamente en la explotación popularmente conocida como
“mina Manuel” que pertenecía igualmente a este grupo minero.
Se
buscaba la veta del mineral, paro lo que se hacían rampas (galerías
auxiliares) que partían de la principal o general.
El
arranque de mineral en el avance (cabecera de la rampa) se iniciaba con la perforación
de los barrenos, que generalmente eran de 9 o 10, labor que se realizaba con
martillo neumático. A los barrenos también se les conocía con el nombre de
“tiros”.
Terminada
la labor de perforación, se cargaban los barrenos con dinamita. Para
explosionar “la pega”, nombre que recibía el conjunto de barrenos, se
empleaba la mecha detonante, una por cada barreno, de aproximadamente un metro
de longitud. Estos se encendían con yesca, uno o uno, disponiendo del tiempo
necesario para correr hacia otro avance más próximo y poder resguardarse.
Desde este lugar se contaban las explosiones de cada barreno, con el fin de
cercionarse que no había fallado ninguno de los tiros cargados.
El
siguiente paso consistía en sacar el material arrancado en el avance hasta la
calle. Esto se hacía con cajones de modera que a lomos de burros, se subían
por las rompas hasta la galería general. En los primeros años de explotación,
estos cajones se cargaban con azadas y a cestos, para ser sustituidos, años
después, por las palas de mano. Ya en la galería general, el material
transportado en los cajones se echaba en vagones que se sacaban al exterior
empujados a mano por los mineros. Posteriormente se prescindió de los burros
paro sacar el material de los avances, al entrar en funcionamiento un plano
inclinado. Se subían a la galería general los vagones, de dos en dos, mediante
un cabestrante accionado por aire comprimido. Desde la galería general se
sacaban de 6 o 8 vagones a la vez tirados por una yegua.
En
la calle, muy próximo a la bocamina, se procedía a clasificar el mineral. Se
colocaban dos raíles de vía sobre dos burros de modera, poniendo sobre los raíles
dos cribas. Se llenaba un cesto con material que contenía el vagón y se echaba
medio en una criba y medio en la otra, moviéndolos a mano. Se repetía esta
labor tantas veces como fuese necesario para cribar todo el material
transportado en el vagón. El mineral se echaba en un cesto para bascularlo en
un lugar determinado para ello. “el nicho”. En este lugar se cargaban los
camiones para transportar el mineral al lavadero. El estéril, roca sin mineral,
se echaba en otro vagón con destino a la escombrera.
Las
cavidades naturales del interior de las explotaciones se rellenaban con el
escombro arrancado.
Fue
el candil de carburo el medio más común empleado para la iluminación en el
interior de las minas, sustituyendo a la antiguo lámpara de acetileno.