Monumentos
megalíticos
Las
manifestaciones megaliticas constituyen cuantitativamente una parcela importante
de su Patrimonio Arqueológico. Se localizan en un entorno concreto: en los
collados y cresterías que hacen de divisoria de aguas entre el valle de
Lanestosa y el de Carranza. Así, a lo largo de la alineación que desde la Peña
El Moro, pasando por el collado de Ubal, la loma de la Cabaña, el Monte Bernia
y Cotobasero, llega hasta Bernalta, se testimonia la presencia de 19 monumentos
en un contexto de paisaje muy uniforme.
El
origen de estas construcciones funerarias sigue siendo uno de los problemas más
debatidos de la Prehistoria. Se barajan, fundamentalmente, dos teorías: unos os
las consideran como un aporte de Oriente y su difusión por Europa estaría
unida a la llegada de nuevas gentes que vienen buscando los metales; para otros,
los sepulcros megalíticos europeos son cronológicamente anteriores a las
grandes tumbas del ámbito oriental y en casi todas las regiones donde se
encuentran las primeras evidencias, éstas se han revelado anteriores a la
aparición de la metalurgia.
Lo
cierto es que cada vez se interpretan más como un hecho común a diferentes
grupos culturales; no se descarta la idea de que hayan podido desarrollarse
independientemente en varios lugares para, posteriormente, extenderse por otras
regiones.
Tradicionalmente
se vinculan las primeras muestras arquitectónicas vizcaínas con las
innovaciones que se producen en la vida del hombre a raíz de la domesticación
de animales. Comienza a aprovechar las posibilidades económicas que le ofrecen
los altos pastizales y a recorrer periódicamente con sus rebaños los mismos
nos caminos para asegurarse pastos durante todo el año. Nace así una cultura
pastoril transhumante a lo largo de las alineaciones montañosas del País Vasco
y que tiene su núcleo central en torno al Pirineo.
En
Bizkaia una de las máximas concentraciones de estas estructuras funerarias
tiene lugar en las Encartaciones; quizá se debe a que en este territorio la
tradición del pastoreo se ha mantenido vigente hasta tiempos recientes, aún
sigue dominando en el paisaje amplias áreas de prados, y sin embargo, en otras
comarcas el bosque de coníferas ha invadido los antiguos espacios abiertos,
ocultando o destruyendo los monumentos.
Generalmente
son manifestaciones modestas y escasamente voluminosas; el tumulo que los
recubre, salvo raras excepciones, no sobrepasa el metro de altura. Además, en
la mayoría de ellos se desconocen los rasgos constructivos, probablemente su
excavación revelaría diferencias estructurales internas y posibilitaría el
establecimiento de variables tipológicas.
Sólo
en 4 de ellos, gracias a los trabajos arqueológicos realizados, se han puesto
al descubierto los elementos arquitectónicos que lo integran. Quizá el que
presenta una mayor complejidad es el de “El Fuerte”, con un túmulo
compuesto por tres anillos concéntricos de piedras que ocultaban una cámara
central, rectangular, formada por 13 losas y en cuyo interior se había excavado
una cubeta de casi dos metros de profundidad (Apellániz, 1963). Los paralelos más
próximos donde también aparece la cámara situada a un nivel inferior del
suelo se localizan, entre otros lugares, en Asturias (“Cantón I”), aunque
no suele ser una práctica frecuente en la mayoría de los monumentos.
También
la estructura tumular del Dolmen de La Cabaña 4 se encuentra rodeada por un círculo
de piedras hincadas que lo enmarcan (Yarritu, Gorrochategul, 1983). De manera
similar está delimitado el túmulo de Cotobasero 1 pero esta vez el anillo está
formado por lajas planas (Yarritu, Gorrochategul, 1983a).
Un
rasgo bastante habitual es la desaparición de la losa que cubre la cámara: La
Calera, Ubal, Bernia 4, etc. Los motivos de esta destrucción, que en ocasiones
afecta a la totalidad del dolmen, se deben tanto al aprovechamiento y
reutilización de los bloques en tiempos históricos —construcción de cabañas
de pastores—, como a continuos saqueos en busca de tesoros inexistentes.
Recordemos aquí lo identificación popular de los megalitos con tumbas de
Gentiles que ha quedado reflejada en numerosas leyendas del País (Barandiarán,
1972).
Otra
constante común es lo ausencia de restos humanos que viene explicándose
tradicionalmente por la acidez de los suelos y por los numerosas depredaciones
que han sufrido los depósitos sepulcrales y a las que aludíamos en los párrafos
anteriores.
Un
dato de interés concerniente a estas construcciones es que con cierta
frecuencia aparecen agrupados o asociados varios monumentos, dando lugar a auténticas
necrópolis: éste es el caso del conjunto tumular de La Cabaña.
Dentro
del repertorio de ofrendas que acompañan a los muertos, un elemento distintivo
frente a los ajuares de las cuevas es la particular importancia que adquieren
los útiles fabricados en silex.
Destacan
pequeñas piezas — microlitos— características de etapas postpaleolíticas,
anteriores a la aparición de la cerámica y que perduran durante largo tiempo.
Otra serie de instrumentos, tales como buriles y raspadores, repiten formas
procedentes de tradiciones más antiguas, concretamente del Paleolítico
Superior. También están presentes un tipo de flecha, de pedúnculo central y
aletas laterales, realizada mediante una técnica de tallado muy precisa y que a
menudo suele alcanzar un cierto grado de belleza (Foto nº 12).
El
resto de los materiales depositados junto a los difuntos es mucho más limitado.
La cerámica se reduce a unos pocos fragmentos, sin decoración, que sólo
permiten reconstruir algunas formas de vasos muy sencillas y que, por tanto, difícilmente
pueden vincularse a fases concretas dentro de la larga etapa de inhumaciones
bajo túmulo.
Por
otro lado se constata, de momento, la total ausencia de objetos de adorno que,
sin embargo, sí aparecen en un conjunto funerario cercano: cuentas de collar de
azabache en Galupa I (Estación de Armañon, Carranza) (Foto nº 13). Finalmente
haremos una breve referencia a la localización, en el yacimiento de la Cabaña
2, de un hacha pulida (Yarritu, Gorrochategui, 1986). Hallazgos de este tipo se
testimonian en ámbitos funerarios tanto al aire libre, Galupa (Foto nº 14),
como en cuevas, Los Zorros (Abanto-Zierbana) y, generalmente, suelen ser útiles
de pequeño tamaño, que carecen de huellas de uso, cuya finalidad parece ser
exclusivamente ritual.
Por
último, no debemos olvidar que las ofrendas rituales son sólo un reflejo
parcial del conjunto de instrumentos elaborados y utilizados en sus ocupaciones
cotidianas. A pesar de todo, el modo de vida de estos grupos humanos, dedicados
al pastoreo, se caracteriza por su continua movilidad, lo que, probablemente,
les obligaría a llevar consigo ajuares muy reducidos, propios de pueblos
transhumantes.
Fig. 1. Distribución de yacimientos en torno a Lanestosa
1. La Calera
2. El Fuerte 2
3. El Fuerte
4. Ubal
5. Fuentellano
2
6. Fuentellano
1
7. Cabaña 1
8. Cabaña 2
9. Cabaña 3
10. Cabaña 4
11. El Muro
12. Bernia 1
13. Bernia 2
14. Bernia 4
15. Bernia 3
16. Cotobasero
1
17. Cotobasero 2
18. Bernalta 2
19. Bernalta 1
20. Lo Tejera
21. Tarrerón
22. Los Judíos
23. Las
Pajucas
24. Cuestalaviga
25. Urdillo
26. Abrigo
Rojo
27. Ermita
28.
Horno o Llano
29.
Covalanas
30.
La Haza
31.
Murciélago
32.
Cullalvera
33.
Sotarriza
34.
Venta Laperra E
35.
Venta Laperra E o. El Polvorín
36.
Venta Laperra
