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PORTICO 

La colaboración en una monografía sobre la villa de Lanestosa interesa por diferentes razones; la principal, en lo que a este apartado se refiere, por la personalidad de la geografía urbana y monumental de la villa, uno de los conjuntos más interesantes del Señorío, y el más desconocido de todos. En Lanestosa se da una perfecta convivencia entre edificios de porte noble y popular, aquellos de gran austeridad y de calidad media notable los segundos. Su condición de villa urbana, ordenada en calles, y su propia biografía de población residencial y comercial más que agropecuaria, han facilitado la conservación casi intacta de un patrimonio que va a llegar al siglo XXI sin concesiones, por la peculiar forma de explotación ganadera, a edificios auxiliares, bordas, pajares, pabellones, etc..., que en general degradan el paisaje urbano, y aún menos a edificios industriales modernos, fábricas o talleres. Unas y otras razones sazonan ese característico ambiente decadente tan atractivo de Lanestosa. 

No hay en la villa en la actualidad otro edificio religioso que el de la iglesia parro­quial de San Pedro Apóstol. Sabemos por los documentos de la existencia de un denominado Santuario de las Animas que, a juzgar por los restos que quedaban a comienzos de siglo, apenas era un hueco en el desmonte de la carretera junto al antiguo caserío “Chimilín”, con el que tenía pleito de vecindad en 1815. No pasaría de ser humilde humilladero de camino. Tampoco se conservan testimonios de arquitectura militar; la torre fuerte que, perdida su función, alquilaba un vecino en 1664, no puede determinarse ahora mismo con garantías. Apenas nada puede identificarse con la arquitectura productiva rural dentro del casco urbano: molinos, hornos..., ni con la arquitectura del trabajo industrial, ni con la vivienda obrera, ni casi con los espacios lúdicos cerradas como están las boleras al presente... El marco de nuestro trabajo se ciñe, pues, a dos ámbitos fundamentales, el de la infraestructura y equipamiento (uso comunitario): puentes, fuentes, lavadero y edificios públicos en general, con la iglesia parroquial, el cementerio..., y el de la arquitectura doméstica (casas de labranza, palacios y palacetes) que es lo que más elementos de interés proporciona, trasunto directo de las formas económicas locales, y portadores de valores culturales indudables, retazos inapreciables de la historia de la comunidad. 

El método de aproximación al patrimonio nestosano se basa tanto en la observación directa de los edificios, sobre todo de sus elementos formales externos e internos (éstos siempre que se ha podido, por ser frecuente la situación de casas cerradas incluso durante años), y además del tratamiento documental a través de fuentes escri­tas, casi siempre inéditas, y de las orales suficientemente fiables. Aquello que hemos entendido como más público de los edificios, las fachadas, ha sido tratado con especial cuidado; son en realidad la imagen del edificio, si bien entra dentro de parecidos parámetros el zaguán abierto de par en par en Lanestosa siempre que se trata de edificios agropecuarios y aún en algunos residenciales y, por supuesto, comerciales. Los aspectos funcionales se consideran más brevemente; nos interesan menos, por ahora (etnología). 

Entre las alternativas posibles para ordenar esta información hemos preferido la que creemos más sencilla. El estudio va precedido de una introducción que explica los materiales constructivos tradicionales en la villa y luego las tipologías constructivas más frecuentes dentro del apartado básico que consideramos el de la casa (casa de labranza, palacio o palacete), células donde más fundamentalmente se recoge el paso del tiempo por la villa, las actividades de sus habitantes y su evolución, la jerarquización social tradicional y las reconversiones más recientes. Ha sido, por tanto, este del estudio de la arquitectura doméstica el capítulo más importante de nuestro esfuerzo. Después de las páginas introductorias, que entendemos como básicas en su análisis para entender el patrimonio local, abordamos el estudio de las unidades que lo componen, organizando dos circuitos superpuestos, uno para los elementos del ámbito de la infraestructura y uso común, y otro para la arquitectura doméstica, insistiendo en los planteamientos metodológicos arriba expresados. Los dos circuitos arrancan del centro de la población para mayor comodidad de los potenciales visitantes de Lanestosa. 

Podría llegar a pensar el lector que se ha hinchado el capítulo de los edificios de interés. La densidad es grande, comparativamente una de las mayores de Vizcaya; pero no hay que perder de vista que, aparte de los elementos como puentes, cementerio, lavadero y otros habitualmente olvidados en este tipo de trabajos, introducimos los de valor etnológico y social, edificios populares identificados con algunas constantes de la arquitectura genuina de la comarca que de ninguna manera podemos obviar. Además, hemos valorado el comportamiento urbano, considerando algunos segmentos y sectores donde ningún elemento destaca, pero que son componentes importantes, de interés en el contexto global de la villa, donde el catálogo, sin edificios descollantes, es de un nivel medio más que digno. 

Intencionadamente hemos dedicado a cada monumento un comentario breve, pero suficiente, por no recargar más la crecida dimensión de la monografía. Por esta razón, se ha prescindido del apartado crítico, notas a pie de página por ejemplo, que hubieran alargado, sin necesidad, el texto. Las noticias documentales se van desgranando a lo largo del trabajo y en su lugar se expresan las principales fuentes. 

El conjunto monumental de Lanestosa, lejos de constituir una isla, está muy identi­ficado con el paisaje construido de muchas poblaciones del entorno (Ramales, Limpias, Ampuero, ciertos barrios de Carranza, Trucíos, Arcentales y lugares de lo Merindad de Castilla la Vieja). Sus edificios, el mobiliario de la iglesia de San Pedro..., encuentran correlatos fáciles portadas partes; el haberlos cotejado hubiera proporcionado a este capitulo un componente erudito que para nada necesita el lector medio, el habitante o el visitante habitual de Lanestosa, a quienes preferentemente van dedicadas estas líneas. 

En pocos lugares hemos encontrado tantas facilidades y tanta amabilidad durante las jornadas dedicadas al trabajo de campo. Menos agradecida ha sido la consulta bibliográfica, prácticamente inexistente (incomprensiblemente nunca ha debido intere­sar este conjunto o por lo menos nadie ha dejado notas escritas); algo más lo ha sido la de archivo; si bien en esta se han recuperado noticias importantes, nunca las consideramos suficientes. Hemos visto bastantes documentos de contratos y de pleitos sobre edificios nestosanos (5. XVII -XIX), pero su valor es relativo porque muchos no son utilizables científicamente puesto que no coinciden ya los nombres de las calles, ni los usuarios actuales están relacionados con los promotores. De cualquier forma, el contenido resultante es original e inédito y susceptible de ser completado cuando dispongamos de más base documental. 

No por sobrentendido vamos a dejar de expresar que consideraríamos esfuerzo en balde el de este trabajo sobre los monumentos si no lográramos convencer a la Administración y al usuario de los elementos que constituyen el conjunto monumental de Lanestosa de la importancia de detener su degradación y destrucción, de regular su transformación y de administrar recursos para preservar uno de los mejores signos distintivos culturales de la comarca de Las Encartaciones. Difícilmente podremos habernos librado de la subjetividad al seleccionar y valorar los elementos; en cualquier caso, nos gustaría que el discernimiento hubiera sido generoso.