Trabajo
en caminos vecinales.
Las
vías de comunicación para el acceso a las tierras eran, al igual que en
nuestros días, los caminos vecinales y las pistas. Para su
cuidado y arreglo el Ayuntamiento, por medio de edicto, convocaba una vez cada
dos años a todos los vecinos. Obligatoriamente tenía que acudir una persona de
cada casa. La no presencia de alguno de ellos era suplida por otra persona, o
quien el ausente pagaba un día de jornal.
El
vecino que asistía a estas labores llevando la pareja de vacas o bueyes quedaba
libre durante dos años, o en su caso se le abonaban dos jornales.
En
tal sentido se recoge en las Ordenanzas Municipales: “El alcalde podrá señalar
día para el arreglo de caminos vecinales, y será obligación de todo vecino
acudir al llamamiento o mandar otra persona útil en su lugar” (4).