VETERINARIA
POPULAR
No menos habitual ha sido el empleo de plantas, y alguna
que otra sustancia, en los tratamientos de algunas de las enfermedades comunes
de los animales de las cuadras.
Cuando un animal cogía un frío, se le daba a tomar dos
botellas de manzanilla, a las que por lo general se echaban dos copas de coñac.
Después le daban unos refriegas con jabón a alcohol, tapándole con una manta
o con periódicos.
Para curar las afecciones externas de los ojos, se empleaba
el caparazón interno de la jibia. Este se secaba, y raspándolo se preparaba un
polvillo, que vertido sobre un papel se liaba, a modo de cigarra, para soplar
directamente sobre el ojo enfermo. En ausencia del caparazón de la jibia, esta
operación se realizaba igualmente con azúcar bien machacada.
Si los animales padecían infección en las vías
urinarios, se estimulaba la producción de orina dándoles a beber el agua en
que se había cocido el cabello del maíz.
Las heridas producidas por golpes, cortes, etc... se
lavaban, empleando para ello un pedazo de trapo, con el agua templada de la
infusión de las “hojas de lobo”, actuando beneficiosamente sobre la parte
lesionada.
La ruda se hervía, dándoles a beber el agua a los
terneros cuando estaban indigestas.
Era costumbre habitual el acudir a un curandero carranzano,
que vivía en el Alto de la Muela (Presa), para curar los animales que padecían
fracturas de huesos.